León

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Por mucho menos tostón, se fugaba el Lute. El compañero de celda de Jordi Sánchez había comunicado a la dirección que ya no podía más con su «matraca independentista», por lo que pidió ser cambiado a otra. Se le ha hecho caso, por motivos humanitarios. Insistía en que aguantar al presidente del ANC era sufrir «doble condena» y que «es muy raro en lo personal». Dado que allí han de abundar, no debe de serlo mucho sino lo siguiente. Justificada reclamación. Si el discurso separatista aburre ya a las ovejas, mucho más a las descarriadas, a quienes las fronteras deben parecerles innecesarios barrotes. Sánchez hubo de empezar a contarle su historia desde el principio, pero no desde el habitual «yo nací en una ribera del Arauca vibrador», como haríamos todos, sino desde mucho antes, desde eso de que Cataluña es anterior al Big Bang. Y tal patraña no hay quien la soporte todo el día en tan pocos metros cuadrados. En Prisiones aceptaron rápido la solicitud, no fuese a ser que, llevado por el desespero, les organizara un motín. El próximo, mejor duro de oído. Mientras, parte de la sociedad catalana sigue sin saber si vive en una república. La Vanguardia aseguraba en un editorial que la misma fue «semiproclamada», y reconoce lo grotesco del término. Los corresponsales extranjeros acaban de descubrir que no saben tanto español como creían, pues no entienden nada. Tranquilos, colegas, lo hacen aposta tan ininteligible.

La CUP propuso primero no presentarse a las elecciones y cocinar ese día una «gran paella insumisa». Ahora los separatistas barajan hacer un frente electoral común. El arroz del nacionalismo lleva pasado desde el XIX, lo suyo ya no es socarrat sino chamusquina. Puigdemont declaraba que la victoria del Girona sobre el Madrid «es referente para muchas situaciones». Pero en lo futbolístico, el exGovern perdió por goleada ante la Constitución.

Comprendo que el compañero de celda de Jordi Sánchez reclamase: ¡cualquier otro, aunque ronque! No me agrada bromear sobre la prisión de nadie, pero me hubiese salido una columna aún más dura si la escribo en serio. El Estado no ha sido el agresor, sino la víctima. Y sí, ante tanto rollo patatero con ínfulas, el Lute ya se habría fugado.

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