TRIBUNA
Dos cristianos en el diván: «Sancho, donde hay obras, las palabras sobran...»

L a teoría enunciada por S. Freud descansa sobre el hecho de la universalidad del complejo de Edipo. Así pues, no es de extrañar el intento de refutar dicho postulado, con lo que el edificio psicoanalítico se vendría abajo.
Malinowski es uno de los grandes antropólogos del siglo XX, intentó comprobar las aseveraciones de Freud en otras culturas, en especial ésta sobre la universalidad del complejo de Edipo. Viajó a las islas Trobiand, (Papúa–Nueva Guinea ) y realizó allí sus investigaciones.
La conclusión a la que llegó Malinowski «… mientras que en la sociedad matrilineal de los trobiandeses el deseo es casarse con la hermana y matar al tío materno». Cree por tanto haber demostrado que existe un complejo de Edipo diferente según el tipo de familia y por tanto el complejo de Edipo no es Universal. (Estudios de Psicología primitiva, Ed. Paidos. Autor: B. Malinowski )
Lo que no advertía Malinowski es que existe un mecanismo inconsciente llamado desplazamiento según el cual el deseo es colocado desde el objeto original a otro diferente, al que le asigna las propiedades del original.
Los intentos de Malinowski, y así lo reveló posteriores investigaciones, fracasaron.
Volviendo al título del artículo, uno de los dos cristianos a los que me voy a referir se llamaba Oskar Pfister, pastor protestante, doctor en filosofía y doctor en teología. Nació en Zurich en febrero de 1873. Durante todos los años de su ejercicio como pastor mantuvo una relación estrecha con Freud, manteniendo una buena amistad. Los dos mantuvieron su compromiso durante su vida de la búsqueda de la verdad, se combatieron con frecuencia duramente, pero también mostraron una tolerancia decidida y un aprecio mutuo. El amor a la verdad, y el amor sobre todo como factor central en la comprensión de los hombres.
Pfister cita una carta de Freud dirigida a él: «En sí el psicoanálisis no es ni religioso ni lo contrario, sino un instrumento neutral del que pueden servirse tanto el religioso como el laico siempre que se utilice para liberar a los que sufren…».
Para la familia Freud, Pfister, no era un « hombre santo» sino una especie de «cazador de ratas de Hamelin» que sólo necesitaba tocar su instrumento para tener detrás de sí una multitud que lo seguía voluntariamente.
En el libro Correspondencia (1909–1939 ) entre Sigmund Freud–Oskar Pfister publicado por Fondo de Cultura Económica leemos en la carta 41, página 59: «¿por qué no fue uno de tantos piadosos quien fundó el psicoanálisis? ¿por qué fue necesario esperar a un judío totalmente ateo?».
En la respuesta de Pfister a Freud a dicha carta leemos (página 60, citado libro) «de por qué no fue un piadoso sino un judío ateo el que descubrió el psicoanálisis, pues sencillamente porque la religiosidad no implica todavía genio creador y porque los hombres piadosos, en gran parte, no merecían siquiera lograr tales realizaciones» y, continúa la carta «y diría también de usted (de Freud): Nunca hubo un cristiano mejor...».
En el reciente libro, Politique et Société escrito por el sociólogo Dominique Wolton y basado en doce entrevistas con el papa Francisco, incluye el importante papel de la mujer y el psicoanálisis en su vida. El papa dice: «Consulté a una mujer judía psicoanalista… durante seis meses, una vez a la semana, para aclarar algunas cosas… Ella era una buena persona. Me ayudó mucho…». (El papa en esa época tenía 42 años).
La Iglesia Católica solía acusar al psicoanálisis por su «pansexualidad» y ambición «totalitaria» prohibiendo a los sacerdotes y seminaristas recurrir a este método terapéutico. Sin embargo, en 1967, Pablo VI permitió a los seminaristas buscar «el cuidado y la ayuda de médicos o psicólogos calificados».
El verdadero héroe no es aquel que se enfrenta al otro sino más bien así mismo, para amar a los demás es necesario en primer lugar amarse así mismo y conocerse es la mejor manera. No es la sinceridad precisamente una cualidad cultivada por los que nos gobiernan pero cuando los gobernados detectan sinceridad en las manifestaciones de los gobernantes lo agradecen y todo agradecimiento implica gratitud siendo esta una de las manifestación del amor.
La condición básica para ser un buen gobernante es gobernarse así mismo, ser dueño de tu propio destino, ser el protagonista de tu propia novela, para que con las mínimas dependencias tanto externas como pulsionales se puedan tomar las decisiones más acertadas en beneficio de los demás.
Cuando usted papa Francisco habla de su analista como «una buena persona» lo que en realidad está diciendo es que: «su propia madre era una buena persona».
El inconsciente es así, tiene sus reglas y modos que es bueno conocer para no ser víctima de sus embates.
Con su franqueza papa Francisco ha contribuido, sin duda, a mejorar el bienestar de muchos fieles que en situaciones turbulentas seguirán su ejemplo, y es por esto y por su sinceridad manifestada en este aspecto es por lo que desde aquí, y manteniendo mi posición de ateo irredento le mando un cordial abrazo.