HOJAS DE CHOPO
El negocio del humo
La escritura se convierte a veces en un refugio. Aunque supongo que lo hayan escrito otros antes, lo cierto es que lo anoto en mi libreta como uno de los pensamientos efímeros y circunstanciales que a uno se le van ocurriendo. Hoy, con la mirada puesta en el fin de un año más, el humo, que también es lo perecedero que el tiempo lleva, adquiere un cierto relieve en estas hojas de chopo que se bambolean según los caprichos del viento. Los caprichos de tantos vientos. El humo es el primer producto nacional. Los vendedores de humo están felices porque lo han convertido en la oferta estrella. No hace falta para comprobarlo más que una mirada serena al panorama que nos toca vivir. Es fácil advertir que el cinismo se ha instalado definitivamente y de forma normalizada en la vida política española. No sin razón Bernard Shaw decía que «a los políticos como los pañales hay que cambiarlos seguido». Lo leí en una novela de Ana Cabrera Vivanco, Los amantes clandestinos. A veces los vientos uniforman el paisaje.
Hablando de lecturas en este caso, una biblioteca personal es una autobiografía de muchas capas. Creo que tiene mucha razón Alberto Manguel. Y es que, además, detrás de una puerta hay una o varias historias de incalculables dimensiones. Al abrirla es más fácil conocer las teñidas de alegría, no tanto las tristes y dramáticas. Lo cierto es que conviven unas y otras. Conocerlas como formas reales y complementarias de vida, aunque sea acudiendo a la literatura, es un reto. Las ciudades que escriben, leen y relatan son ciudades que se gobiernan con una mirada distinta. No sé si con palabras exactas, pero la idea es de Roberto San Salvador. ¿Será cierto que «leer abre los ojos», en expresión tan plástica de Mempo Giardinelli? Con frecuencia, desgraciadamente, nos confunde el derecho a la felicidad. La estimamos asunto propio, cuando en buena medida depende de la situación, los sentimientos, las actitudes y las circunstancias de no pocos que forman parte de nuestro entorno.
En nuestro entorno se intensifica la llegada de pateras. Uno piensa que mantener en estas circunstancias la integridad de los derechos humanos es tarea que conlleva no pocas dificultades. Como actitud previa, reírse de la diversidad, en cualquiera de sus manifestaciones, es un síntoma del desprecio que alimenta la ignorancia. Que Santa Lucía, cuya festividad se celebra pasado mañana, nos conserve la vista. La de dentro sobre todo.