FUEGO AMIGO
La senda de los ilustrados
En el territorio monástico que abrazan el Porma y el Esla, pasa inadvertida la comarca de la Reguera, que pasearon en el último siglo los más ilustres pensadores. El nombre de Reguera para esta ribera escondida responde a un cuérnago que riega la estrecha vega del río. El puente de Villarente sigue siendo poco recomendable, a pesar de los arreglos. Otra cosa es la villa del Puente, que hace unos años incorporó, para desecharla pronto, la casona del viejo hospital jacobeo a la oferta de su restauración. Los alrededores del río albergaron una de las zonas de baños más concurridas de la provincia, pero con la tala de su chopera perdió buena parte del encanto. La mala literatura se cebó durante siglos con la endeblez de este puente, al que la reconstrucción neoclásica dejó irregular y giboso.
En la memoria aflora el soniquete de la canción para dormir a los niños: Por el Puente Villarente, pasan palomas a veinte, paloma una, paloma dos, paloma tres…Y así hasta quedar frititos. Un desvío por la margen izquierda del río, remonta su ribera hasta Villafañe, donde toma el ramal que alcanza Villimer. En este pueblo resulta muy visible, por la extensión de la cerca, la finca de los Azcárate, que ocupa la antesala del caserío. La adquirió en 1848 don Patricio de Azcárate, cabeza de esta familia de intelectuales y políticos leoneses. Se la compró al marqués de Gaztañaga en un lote que integraban la casona, unas fincas contiguas y el derecho de presentación del curato del lugar.
En la actualidad, la casona no ofrece un aspecto muy saludable y la propia cerca da a trechos una impresión achacosa, aunque la chopera de la huerta exhibe unos troncos orondos de estatura gigantesca. Aquí tuvo su santuario el republicanismo leonés, de ilustración laica, durante casi un siglo. El gran protagonista de la estancia fue Gumersindo de Azcárate, cuyo centenario de muerte se cumplió ayer. El interior conserva su gabinete y de una visita remota recuerdo haber visto enmarcado un poema autógrafo que le dedicó Antonio Machado. Luego fue residencia estacional del diplomático Pablo de Azcárate y de su hermano Justino, ministro por un día al estallar la guerra.
Esa generación Azcárate emparentó con los Entrecanales, y la siguiente con el pintor Arroyo. Los Entrecanales organizaron en la huerta de posguerra algún sarao postinero reluciente en la prensa del colorín. Los mayores del pueblo tienen memoria y ganas de palique para refrescar el anecdotario de ilustres visitantes. Villimer es pueblo ribereño que tiende un cómodo paseo hasta Castrillo, encajado entre la adusta cornisa del páramo y las huertas del río. Fue la senda fluvial que transitó cada tarde don Gumersindo con sus invitados de la Institución Libre de Enseñanza.