cartas al director
Gaspar a los 39
E l recuerdo y reivindicación de la figura del cura de la cuenca minera, Gaspar García Laviana, muerto en combate contra la dictadura somocista un 11 de diciembre, se compagina con otros protagonistas de la gesta heroica de la revolución ‘nica’, intelectuales y artistas que jugaron un papel central y certero antes y después, en un país de tan fecunda imaginación y proliferación de poetas, muchos de los cuales escribieron sus mejores obras con la ofrenda de sus vidas combatiendo al somocismo, y uno de ellos, que fuera vicepresidente del país, Sergio Ramírez, acaba de recibir el premio Cervantes.
El 19 de julio de 1979 triunfó la revolución popular sandinista que acabó con la larguísima dictadura de los Somoza y dio paso a transformaciones de calado en la vida de los nicaragüenses, con una campaña de alfabetización memorable, algunas entregas de tierras a cooperativas de campesinos, y el trasvase de una parte de la inmensa riqueza de la familia Somoza al naciente estado nacional.
La sandinista, que fue considerada una revolución de las «buenas» por la presencia de mucha fuerza cristiana, con tres ministros sacerdotes, por la ausencia de pena de muerte, por el gran apoyo popular interno, y por a no alineación en los bloques de la época, pasó rápidamente a ser atacada por los Estados Unidos, y «desatendida» por Europa con la honrosa excepción de Suecia, gestándose una tremenda guerra de agresión que afectó no sólo a las vidas de miles de nicas y a la escasa infraestructura del país, sino al conjunto de las naciones centroamericanas, en especial Honduras y Costa Rica, usadas como portaaviones por las fuerzas mercenarias financiadas por USA.
Frente a ello, el movimiento sandinista logró articular una movilización popular entregando armas a todo el pueblo, y derrotar militarmente a «la contra» en todos y cada uno de los combates, quedando en ridículo Estados Unidos por no poder conseguir ni una sola «cabeza de playa» en la que instaurar un gobierno adverso, y siendo condenado en los tribunales internacionales por el minado y destrucción de los puertos, especialmente el de Corinto.
Sin embargo la victoria militar sandinista sólo se tradujo en una victoria electoral, en 1984, y en una derrota en 1990 cuando todas las fuerzas dispersas de la derecha se juntaron en la UNO y contra todo pronóstico sacaron más votos que los sandinistas, que se retiraron en un gesto sin precedentes en otras experiencias revolucionarias, a transcurridos tan pocos años de la insurgencia.
Lo que vino después, en los tres gobiernos posteriores de Chamorro, Alemán y Bolaños, fue el desmantelamiento de todos los logros populares.
Hace unos años recordaba en Avilés el insigne poeta y ministro de Cultura sandinista Ernesto Cardenal los logros y los pecados de la revolución nicaragüense, señalando sin pelos en la lengua también los graves defectos de algunos dirigentes, que sin duda han tenido decisiva influencia en los acontecimientos, y en la imposibilidad de recuperar el poder por las urnas, hasta el cuarto intento, a pesar de seguir siendo el sandinista el principal partido de Nicaragua.
Y fueron centenares las personas que desde ‘Asturies’ viajaron, laboraron, participaron en brigadas en aquella época fértil y creativa de la década sandinista, que iluminó las esperanzas en todo el continente americano, pero que no pudo preservarse, por diferentes circunstancias, de entre las cuales la de mayor peso es sin duda ninguna la feroz arremetida militar y el bloqueo económico del gobierno Reagan, el mayor asesino de nicaragüenses de una historia plagada de intervenciones armadas norteamericanas. «El triunfo del pueblo y del FSLN, contra la dictadura somocista el 19 de Julio de 1979 fue posible por la participación organizada y consciente de mujeres y hombres del pueblo. El 19 de julio fue el resultante histórico de resistencias pasadas y el peso del acumulado histórico de las luchas populares». Escribe la comandanta Mónica Baltodano en sus Memorias de la Lucha Sandinista .
Gaspar: «Un buen día nos llegó a tiempo completo Gaspar, de Asturias el misionero que araba sobre el mar», dice la canción de Carlos Mejía Godoy.
Con la afirmación de que «la realidad solo la llega a conocer el que trata de cambiarla», se puede explicar la transformación del cura Gaspar García Laviana, y otros muchos sacerdotes, al chocar de frente con la tremenda realidad nicaragüense, de pobreza y de dictadura somocista.
Lo que pasó en Nicaragua, tras Gaspar, ha sido el triunfo de una de las revoluciones más fecundas del mundo, luminosas, esperanzadoras, heroicas, increíble a tan pocos kilómetros del monstruo, que, enseguida, bajo la presidencia de Reagan, la sometió a la más atroz de las agresiones bélicas y económicas. Reproducir el pensamiento de Sandino con ocasión de cualquier aniversario del triunfo de la insurrección popular sandinista el 19 de julio, un pensamiento latinoamericanista, antiimperialista, vivo, pese a la pobreza y carácter campesino del ejercito nacionalista de los años 30…pero que consiguió derrotar y expulsar temporalmente a los invasores yanquis, es una necesidad y una posible contradicción con el actuar del actual ejecutivo nicaragüense, centralizado en una alianza estrecha entre Iglesia, y familia presidencial.
«Ahora que hay tantos cambios por los que luchar, tantas resistencias que hacer, tantas causas nobles por las que combatir, es momento de desentrañar y desplegar las banderas, los valores e ideales de aquellos, que lo dieron todo por la justicia y la libertad», dice Mónica Baltodano al presentar sus Memorias de la Lucha Sandinista, y ponerlas a disposición de todas nosotras.
Unas Memorias en las que Gaspar García Laviana, comandante de la justicia social, al que le faltó solo medio año para ver y disfrutar del triunfo, sigue siendo ejemplo y senda, la que siguieron miles de gentes asturianas en la década siguiente con la creación del Cosal y sus redes de potente Solidaridad astur, de búsqueda de equidad, de lucha contra la pobreza y contra la desigualdad obscena.
francisco javier arjona. león