Diario de León
Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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La coincidencia de fechas festivas en lunes me ha impedido acudir a la cita durante la última quincena. Nunca es tarde, sin embargo, para, iniciado el nuevo ciclo anual, desearles que llegue lleno de satisfacciones. Y que perduren. Que nos sigamos viendo, deseo que, en el fondo, es uno de los más sinceros y gratificantes por tratarse de una de las legítimas y universales aspiraciones de la condición humana. Después cada cual, seguro, propondrá sus propias añadiduras. La mía, en este caso, y como efeméride circunstancial, es la propuesta del ánimo hacia la lectura. Y, en concreto, la relectura o lectura de Frankenstein, que este mes anda de cumpleaños. Nada menos que doscientos. Difundida también la obra a través del teatro y el cine, con desigual acierto, quizá su lectura actual nos lleve a superar la anécdota para calibrar los aspectos latentes de la crisis política, social y religiosa de la época, para subrayar la angustiosa historia del monstruo, un mito y una paradoja, que intenta superar su deformidad por medio del lenguaje y la razón.

Al pensar hoy en la obra, pienso en ella también como símbolo del triunfo del talento joven en un momento, además, en que tanto abunda. Y es que Mary Shelley tenía dieciocho años cuando publicó la primera edición de Frankenstein, en 1818. Dos años antes se había desplazado con el que después sería su esposo, Percy Shelley, a pasar el verano junto a Lord Byron en una villa suiza a orillas del lago Leman. La lluvia los retuvo en casa durante varios días. Como entretenimiento decidieron escribir un cuento de miedo. La verdad es que ninguno de los poetas acabó lo propuesto. Sí lo hizo Mary Shelley, que hasta entonces solo había escrito cuentos para niños, sin especiales pretensiones. Así fue como, en enero de 1818 se publicó esta novela fundamental en la literatura de terror con un personaje mítico en la cultura popular moderna.

La autora no dio el protagonismo absoluto al monstruo, sino que lo compartió con su creador, el joven estudiante e investigador Víctor Frankenstein, apellido que sirve de título —el completo es Frankenstein o el moderno Prometeo—. V. Frankenstein es un personaje que se rebela contra el orden de la naturaleza y, llevado por la soberbia de su ambición científica, se atreve a crear vida a partir de la materia inerte. Su lectura, no lo dudo, recordará episodios de la actualidad. ¿Alguien dijo que la imaginación es fuente de ciencia y sabiduría?

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