Castillo de Balboa
E nvuelto en frecuentes nieblas y en perdurables melancolías, el castillo de Balboa amenaza derrumbe. Las imágenes son muy penosas, las grietas ya son más que inquietantes. El castillo que resistió como pudo ocho siglos, y que llegó con cierto decoro arquitectónico hasta hace unas décadas, ahora está en anuncio de catástrofe. Pero todavía se puede evitar.
No es momento de preguntarnos por qué esta pequeña fortaleza está ahora como está. Eso no sirve de nada. Lo que importa es salvarla. Pero salvarla de un modo también humilde. Es decir, sostener la torre que queda, los lienzos de su muralla, algún que otro elemento pétreo. Evitar que desaparezca este testimonio de la historia del Bierzo fronterizo, del que ya tiene música de Galicia, pero que también es Bierzo. Porque la comarca no deja de ser berciana en sus confines más occidentales. Las aguas del Valcarce recorren un mundo que es leonés. Porque también hay leoneses de expresión gallega, y no digamos de acento. Personas que se sienten de esta provincia. De este lado del Cebreiro.
Hace pocos años se logró encarrilar la pervivencia de otro pequeño castillo, en este caso muy literario, el de Cornatel. Que estaba al borde del hundimiento. Y ahora toca rescatar lo que queda del de Balboa, que ya no es mucho. Los otros castillos del Bierzo, el colosal de Ponferrada, el privado y rehabilitado de Corullón y el de Sarracín, en Vega de Valcarce, se mantienen en pie, con buen presente y mejor futuro, aunque necesita algunas mejoras el de Sarracín. Pero el de Balboa está en las últimas y no debemos consentir su devastación final.
El Bierzo del Valcarce es muy grande en encanto y misterio, y eso siendo pequeño en extensión. Es grande porque abarca diversos valles, todos hermosos y de intrincada geografía. Diversas aldeas sobreviven, cada día mejor rehabilitadas y, a la vez, cada día más despobladas, en medio de formidables hayedos y robledales; de arroyos de agua transparente y de praderas con vacas. Un mundo muy antiguo sigue vivo en esas tierras. Esa existencia agrícola y ganadera ha tenido en el renacer del Camino de Santiago un pequeño apoyo para su subsistencia, de lo que se benefician, sobre todo, Trabadelo y la Vega. Pero la gran parte de la geografía es remota y aislada y no la visitan los peregrinos, que bastante tienen con superar el mayor desnivel de toda su larga caminata desde Roncesvalles. En todo caso, el castillo de Balboa, así como la memoria pétrea de las minas de wolframio de la Peña del Seo son dos elementos a cuidar y difundir.
Tres castillos, que sepamos, ha perdido el Bierzo. El de Bembibre, —que, como el de Cornatel, fue inmortalizado por Gil y Carrasco— el de Aguiar y el de Losio. No podemos consentir que a esta nostálgica lista se una el de Balboa. Porque es hermoso, porque tiene ocho siglos y porque es berciano y leonés.