EDITORIAL | Educación y prevención contra las vejaciones
Son cifras que espantan, que reflejan que debajo de la alfombra de la sociedad existe una realidad ineludible que es necesario atajar. Los cuarenta casos denunciados de malos tratos de hijos y nietos a sus mayores son la punta del iceberg de un escenario que seguramente está más extendido de lo que percibimos en nuestro entorno, puesto que la denuncia es el último recurso para afrontar una situación ya desesperada. Es inevitable plantear un debate sobre la educación, probablemente la única herramienta certera para poner coto a este mal que, según los expertos, no es fruto de la incultura, de la marginación o de la pobreza sino de la sociedad de consumo. A diario se presencian escenas protagonizadas por un ‘pequeño tirano’ que impone sus exigencias a un padre o una madre que en muchos casos ni siquiera se percata de que se ha convertido en un siervo. Es cierto que, según los expedientes que baraja el Fiscal de Menores, en León los casos van en descenso, pero no por ello se debe bajar la guardia ante un problema que se puede convertir en endémico. Los centros escolares organizan frecuentemente charlas sobre este tipo de problemática. Las llamadas ‘escuelas de padres’ son un excelente vehículo para canalizar la prevención de la que hablan los profesionales porque en estas cuestiones las carencias educativas no son sólo de los hijos, también lo son de los progenitores. Estas iniciativas, organizadas mayoritariamente por las ampas, deben ser apoyadas, difundidas e incluso impulsadas desde las autoridades educativas, cuyo papel es decisivo para que se actúe en prevención también desde las aulas.