OPINIÓN
EDITORIAL: La desunión es un lastre para León y frena la defensa de sus intereses
La sabiduría popular dispone de incontables refranes que ejemplifican de la mejor manera posible esa máxima de que la unión hace la fuerza. Los llamados ‘reinos de Taifas’ son el peor veneno para cualquier organización, porque se dividen los esfuerzos y lo que es peor, se difuminan los verdaderos objetivos.
Lamentablemente en León existen demasiados casos que prueban cómo a lo largo de la historia se han perdido oportunidades porque se optó por el frentismo, por el tactismo o por la búsqueda egoísta de intereses que se anteponían a la posibilidad de trabajar encarando el futuro con audacia, valentía y decisión.
La situación de división que hay ahora en el empresariado, o en las agrupaciones de gremios de gran relevancia como la hostelería o el comercio, choca directamente con el sentido común. Parece lógico que, ante situaciones iguales, con los mismos problemas y con unos retos y objetivos compartidos y totalmente inaplazables, se evite el perder fuerzas porque nadie esté dispuesto a dar un paso y se persista en actitudes egoístas.
La iniciativa del alcalde de León, Antonio Silván, que incluyó entre los retos pendientes de esta tierra el lograr una patronal fuerte y unida no puede sorprender a nadie. Puso su voz en Madrid en Nueva Economía Fórum a una propuesta largamente reiterada desde todo tipo de atriles por quienes han hecho o hacen discursos públicos intentando analizar la realidad que vive la provincia y la relevancia que tendría el conseguir ganar peso en todo tipo de entornos y escenarios en los que se toman las decisiones que determinan nuestro presente y nuestro futuro.
Se equivocan quienes persisten en la división, en ahondar las grietas que analizadas al detalle tienen difícil justificación y una complicada defensa porque en realidad lo único que se genera es esa pérdida de fuerza cuando más se necesita.
La provincia de León sufre una pérdida de población que pone en cuestión su futuro, la población activa se reduce de manera drástica con un envejecimiento que castiga todos los balances, la pérdida de puestos de trabajo y de oportunidades es innegable, y la pugna por los nuevos yacimientos de empleo se hace con un nivel de competencia máxima. Con ese panorama parece que en sectores como la hostelería y el comercio —fundamentales en León y en la provincia— deberían ponerse manos a la obra para defender su espacio en una coyuntura de máxima rivalidad entre territorios.
Y entre el empresariado, con el déficit endémico industrial que padece la provincia, las nuevas sociedades que se están creando o implantando en sectores con futuro parece que difícilmente estén dispuestas a formar parte de algo tan agotado como el modelo que se les ofrece desde quienes parece que hacen del inmovilismo su oferta para afrontar el futuro.