Contra Errejón
E l populismo de Podemos es una opción inicialmente compleja, en la que convivían dos almas que finalmente se ha escindido. Esquemáticamente, una de ellas, la que representaría Iñigo Errejón, propone una opción transversal, superadora de la dicotomía derecha-izquierda, que acaba de ser redefinida en París por su principal representante. En un acto en ‘Science Pro’, el centro de estudios políticos donde estudió Macron, se ha referido a una corriente europea «patriótica, popular y democrática» que debería trascender de los viejos postulados de la izquierda radical para volverse «conservadora» y «de orden», es decir, para conservar las instituciones y establecer un orden en que «los de abajo» sean protegidos de «los de arriba».
La otra alma de Podemos, que es la que encabeza Pablo Iglesias, está mucho más cerca de la izquierda marxista tradicional, y por ello se ha aliado con IU para representar una opción escorada a babor.
Para un demócrata convencido de la bondad del pluralismo, de que todos los problemas políticos y sociales tienen más de una solución posible y de que, como en el mercado, la competencia entre ideologías fomenta antagonismos creativos, la tesis de Errejón es inquietante, ya que concluye en que es posible identificar las soluciones óptimas sin que hayan de competir en las urnas (eso proponía la tecnocracia franquista) y elimina por completo el sustrato utópico saludable que moviliza a las personas. En las democracias parlamentarias, hay valores y creencias con frecuencia tácitas que desarrollan su papel movilizador, que impelen a cambiar el mundo y que se canalizan a través de los partidos.
Quienes tenemos suficiente edad para recordar el franquismo, nos estremecemos cuando alguien nos dice que lo ideal es un movimiento superador de la vieja dicotomía entre derecha e izquierda. La democracia es indisociable de la evolución, del cambio, de la lucha entre tendencias, de la competencia entre partidos y políticas, del contraste entre visiones diferentes del mundo. De alguna manera, la realidad es siempre bipartidista (al menos) y los híbridos centristas, las terceras vías populistas, las soluciones técnicas, o encubren un impracticable voluntarismo o terminan negando la pluralidad. Como en la Argentina de Perón o en la Venezuela de Hugo Chávez y sus epígonos.