TRIBUNA
Elías Yanes, moderador entre la Iglesia y el Estado
C on motivo de la muerte de Mons. Elías Yanes se han escrito bastantes artículos resaltando su actividad como arzobispo de Zaragoza y su participación, como figura clave, en los acuerdos entre la Iglesia y el Estado, especialmente en la regulación de la enseñanza religiosa que resultó discutida en los primeros gobiernos socialistas y después. A él se le debe que aparezca la Iglesia Católica en el art. 16,3 de la Constitución española de 1978 y conviene que se conozca. Su funeral se celebró el 12 de marzo en la basílica del Pilar con mucha concurrencia de fieles, autoridades eclesiásticas y civiles. Mons. D. Vicente Zamora tuvo una buena oración fúnebre, en la que puso de relieve su actuación como buen pastor y las obras por él realizadas.
Al celebrarse un congreso de la Asociación Española de Canonistas en septiembre de 1978, asistió Mons. Elías Yanes, como miembro de la misma, y además como secretario de la Conferencia Episcopal Española. Se discutía el fenómeno religioso en España y lo que iba a salir en la Constitución, de la que ya se tenía un esbozo. Se aceptaba el paso del Estado confesional al aconfesional y se discutía si merecía la pena que se mencionase a la Iglesia católica en la Constitución. La mayoría de los canonistas, como los jesuitas y hasta del Opus, opinaban que no apareciese. En aquellos momentos manifesté mi opinión sobre la conveniencia de que la Iglesia católica figurase en la Constitución. Alegué que había tomado parte en el Acuerdo de la Iglesia católica y Venezuela, donde se reconoció su personalidad y la de otros entes eclesiásticos. Si aparecía la Iglesia católica en la Constitución se la daba un espaldarazo y punto de apoyo para los acuerdos que estaban ya muy avanzados.
Lo vieron bien el Dr. Lamberto de Echeverría y otro amigo y buen profesor, Dr. Alfonso Prieto, que luego me llamó, porque quería hablar conmigo Mons. Elías Yanes.
Era la primera vez que le saludaba y me dijo que era de Mazo (Tenerife) y que había muchos canarios en Venezuela. Pasó enseguida al motivo de la consulta o encuentro y comprobé que era muy experto en Derecho Canónico y Teología, de los que tenía licenciatura. Se pensó incluir también en la Constitución lo referente a la enseñanza de Religión, algo que pudo hacerse y más en esa época.
No volví a encontrarme con él hasta el año de 2008, por mediación de Sor María Jesús Boned Mozota que me invitó a la fiesta de San José de Zalasanz. Estaba haciendo un trabajo sobre las pinturas de Claudio Coello en la iglesia de Santo Tomás de Villanueva, cuya restauración se debe en gran parte a ella y a sus diligencias. Me permitió ver las pinturas y hasta subir por las alturas de la bóveda para sacar fotos sobre Santo Tomás de Villanueva, que va a ser declarado Doctor de la Iglesia. Luego me invitó a la misa y mesa el día de San José de Calasanz que presidía Mons. Elías Yanes. Ya no me recordaba y se alegró de nuestro encuentro en Murcia. Al felicitarle por la inclusión de la Iglesia católica en la Constitución, me llegó a decir que se pudo haber incluido también lo de la enseñanza de la Religión y se dejó para los Acuerdos.
Recordamos su buen papel como vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española 1987-1993 y luego presidente 1993-1999. Le tocó tratar temas difíciles que supo solucionar y hasta sortear a veces con delicadeza y buen tino. Procuró mantener buenas relaciones con la casa real y miembros del gobierno, especialmente dentro de la Conferencia Episcopal. Promovió la restauración de obras del Pilar, La Seo y el Museo Diocesano con una pastoral de gran calado mariano y catequético, y continuó escribiendo una columna en la Iglesia en Zaragoza o en Aragón que se leía con gusto. Fue un buen pastor como lo recomendaba san Agustín al servicio de pueblo cristiano.