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ernesto escapa
León

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Cada vez que se clausura un ciclo político, parece saludable airear sus excesos, con la voluntad inmediata de corregir despilfarros. A veces, con leves apaños, y si preciso fuera, con enmiendas radicales. Porque todos los territorios amasan sus desmesuras. También Castilla y León. Sin ir más lejos, junto al Duero soriano se levantan los gajos de la Ciudad del Medio Ambiente, un disparate que trata de rescatarse como polígono funcional ya sin alardes. El resto de aquella cordillera fluvial de cúpulas previstas para enjoyar al Duero, se encuentra en agujas. De momento, ni intentarlo.

Pero hay casos aún más hirientes, como el embalse cepedano de Villagatón, que concluido hace 24 años y con todas las indemnizaciones satisfechas desde el verano pasado, sigue esperando a que un par de barandas, con alto cargo en la Junta, hagan su trabajo y preparen el documento de cesión a la Confederación Hidrográfica del Duero para cerrar compuertas y servir por fin para el riego. Ambos han carecido de responsabilidad, demorando un trámite decisivo para los agricultores de una comarca en proceso de extinción demográfica, que ven cómo se sigue despilfarrando a lo tonto el agua que les va a quitar el sueño este verano. Se llaman Eduardo Cabanillas Muñoz-Reja, número dos de Agricultura entretenido con el aderezo pastueño de juntar apellidos, y Francisco Javier de Andrés Guijarro, segundo en el escalafón de Economía y Hacienda, que se coloca el sombrero de una preposición para decorar su primer apellido.

Lo llamativo y desolador es que tampoco nos hubiéramos percatado de su responsabilidad en el desaguisado de no haberlos señalado el director técnico de la Confederación del Duero, Alfredo González, quien al ser interpelado por el despropósito, indicó que desde el verano espera el documento de cesión de la Junta para hacerse cargo de este embalse fallido durante un cuarto de siglo. Y mientras, tenemos que escuchar pacientemente a la consejera de Agricultura su reclamación de nuevos embalses, algunos tan de chichinabo como las balsas previstas en el río palentino de la Cueza, que nace en León por la zona de Villavizanzo, y como advierte Madoz, «sólo lleva agua en tiempo de lluvias».

El embalse de Villagatón lo construyó la Junta en 1994, siendo Valín director general. Pero se olvidaron de indemnizar a los propietarios de las hectáreas anegables, trámite encomendado recientemente al ayuntamiento de Brañuelas, que lo cumplió con diligencia y a satisfacción. Reparado este impedimento, que se saltó la Junta, sólo falta que Cabanillas y Andrés Guijarro resuelvan la cesión a la Confederación Hidrográfica del Duero. Y no lo hacen. Quizá esperen a las bodas de plata del embalse. O a despoblar definitivamente la Cepeda.

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