EDITORIAL | Embalses con uso controlado y con una oferta segura y de calidad
Los embalses existentes en la montaña leonesa suponen un inconveniente en algunos aspectos —más allá de las polémicas sobre su existencia— pero también una posibilidad que debe tenerse en cuenta. Es verdad que están incluidos en algunos casos en zonas con protección natural pero de nuevo surge el debate sobre hasta qué punto debe implantarse el proteccionismo, porque tampoco se puede llegar a unas cotas que se conviertan en una trampa que asfixie a esas zonas. Ahora llega una propuesta para intentar suprimir el uso de embarcaciones a motor en los embalses de la Red Natura. Hace tiempo también se planteó sin éxito ese límite en los embalses que tienen captaciones de agua para consumo humano. Y todo apunta a que esta demanda del Procurador del Común caerá en saco roto, tras la respuesta que ha recibido desde Medio Ambiente.
Compatibilizar la protección y la vida en las zonas naturales con valor ecológico no es fácil, y como en tantos otros asuntos se hace imprescindible la confrontación de ideas para buscar el consenso. Parece razonable que exista un control sobre los usos de las aguas de los embalses. Pero también será lógico que se tenga en cuenta que, en todo caso, son masas de agua creadas de manera artificial con efectos modificadores en todos los órdenes.
El embalse de Luna tiene una larga tradicción náutica con su propio club, que incluso ha acogido pruebas de primer nivel nacional. Y en Riaño existe la experiencia del barco, que supone un añadido notable a la oferta turística de la zona, aunque las reiteradas quejas prueban que requiere una mejora de sus servicios. En eso quizá sí se pueda avanzar, en un uso de las aguas con un control y con una oferta que sea segura y de calidad.