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Magnicidios
No es para dar saltos de alegría, pero lo cierto es que nuestro país se encuentra a la cabeza de Europa en cuanto a magnicidios. Un vicio de gran predicamento entre los españoles, a decir de mi maestro y buen amigo Francisco Pérez Abelllán. Hace varios domingos este periódico publicaba una formidable entrevista con Paco, firmada por Cristina Fanjul, en la que el periodista de sucesos más célebre de España se explica a propósito de su último libro, centrado en una serie de crímenes de Estado disfrazados de idealismo, pero que se tratan más bien de operaciones de poder y dinero. No tengo espacio suficiente para incluir la lista de premios y reconocimientos logrados por Abellán en su brillante carrera, baste con decir que ha publicado 25 libros con sus hallazgos e investigaciones sobre la historia negra española, distinguidos por una prosa directa y de lo más solvente. Animado como siempre por una moral de combate, dedica en esta ocasión su literario magisterio a desmontar las versiones oficiales de los asesinatos de Prim, Cánovas, Canalejas, Dato y Carrero Blanco. Cinco presidentes de Gobierno abatidos en poco más de cien años, triste récord que permanece envuelto en una madeja de enigmas.
En este país nunca se ha vigilado la veracidad de su historia, así que Paco trata de arrojar luz sobre una serie de sucesos llenos de omisiones, incógnitas y mentiras evidentes, lo que causa un pasmo mayúsculo. Muchos documentos y sumarios se han perdido para siempre en las entrañas más negras de la Administración, en un intento palmario de ocultar la realidad de lo ocurrido. Es lo acontecido en el caso de Prim, el caudillo de la libertad; Antonio Cánovas, abatido en el balneario de Santa Águeda; José Canalejas, asesinado en plena Puerta del Sol; o el conservador Eduardo Dato, ametrallado junto a la Puerta de Alcalá. Y qué decir del vuelo a la eternidad programado en el barrio de Salamanca para el almirante Carrero Blanco. Todos ellos planes perfectos, de ejecución impecable, pero envueltos en explicaciones falsas de toda falsedad, puestas ahora en solfa por el maestro Abellán.