Diario de León

TRIBUNA

La Justicia y sus cuatro verdades (A propósito de la detención de mi amigo José Luis Ulibarri)

Publicado por
LUIS ALFREDO GONZÁLEZ ABOGADO
León

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Ú ltimamente se viene escribiendo y hablando mucho en tertulias interminables sobre el estado de la justicia en nuestro país.

A su reconocida lentitud, casi un mal endémico, se añaden calificativos de arbitrariedad, falta de sensibilidad social, encuadre —cuando no filiación política de casi todos los jueces que conocen de asuntos relevantes— …y también corrupción.

Acepto y reconozco todos los males anteriores, pero no el de corrupción.

Hablo desde una experiencia de cuarenta años dedicado al ejercicio de la abogacía.

Para ser juez es necesario un esfuerzo intelectual y temporal idéntico al que se necesita para ser notario, registrador, abogado del Estado o cualquier otra de las llamadas oposiciones de élite, cuando la retribución económica de los jueces es notablemente inferior a la que perciben los otros profesionales antes citados.

Reconozcamos, por lo menos, el fuerte carácter vocacional de nuestros jueces alejado de toda ambición material.

Ahora bien, impartir justicia en un mundo globalizado, mediatizado y —si no lo evitamos— pronto robotizado, como el que nos toca vivir, es una tarea muy compleja, meritoria y también expuesta.

Los jueces —ante cualquier asunto medianamente complejo— han de enfrentarse, dilucidar y decidir acompañándose, al menos, de cuatro verdades simultáneas. A saber:

1. La verdad objetiva no necesita de mayores explicaciones.

2. La verdad judicial, muchas veces interpretada por profesionales incompetentes, figurones o arribistas que suponen un enorme peligro para sus clientes y que, a posteriori, justifican sus carencias divulgando bulos y atrocidades de todo tipo que, lamentablemente, terminan arraigando en la ciudadanía.

3. La verdad mediática con su acompañamiento de manifestaciones callejeras, tertulias integradas por supuestos entendidos, verdades a medias y descalificaciones personales de los jueces actuantes.

4. La verdad político-administrativa. Poco se ha investigado, y menos escrito, sobre esta cuarta y última verdad, que se da la mano —en mi opinión— con la sociología y, a veces, con la psiquiatría, como es fácilmente reconocible en alguno de sus protagonistas.

Este fenómeno pseudo-profesional, que supongo existirá en todos los países civilizados, cobra especial protagonismo en los pueblos de cultura latina en los que las emociones, sentimientos y rencores acompañan al ciudadano de la cuna a la tumba.

Estos cabildeos, verdades a medias, cuentas por cobrar, intereses cruzados y, en ocasiones, inconfesables, aderezados con soberbias y orgullos malentendidos que son tan propios de nuestra tribu hispana, se recrudecen con los cambios políticos como el que acabamos de vivir en nuestro país.

Las más altas instituciones del Estado cambian de titular y con estas alternancias mudan también, muchos criterios y sensibilidades, que deshacen vidas y haciendas donde, en otros momentos, sólo cabría esperar sanciones administrativas.

Este tema de la cuarta verdad es muy complejo y opaco, pero habrá que abordarlo más pronto que tarde si queremos tener una justicia neutral y profesional que no atienda a veleidades que le son ajenas.

En España hay en este momento más de cinco mil jueces, aunque es importante destacar que están sobrecargados de trabajo en muchos casos.

En Alemania, por ejemplo, país que cuenta con el doble número de jueces en relación a su población, además están liberados de la actividad instructora en el orden penal porque esa función la realizan los fiscales.

En cuarenta años de democracia tan sólo cinco fueron expulsados de sus carreras.

Tres de ellos al amparo de las verdades una y dos, y en base a la cuarta y oscura verdad los dos últimos.

Esto supone el 0,1% de este colectivo tan expuesto como baqueteado por la opinión pública.

¿Alguien conoce otro colectivo más honrado?

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