EDITORIAL | La Universidad de León y su relación con la realidad social de la provincia
Aunque el dato más llamativo son las 881 solicitudes de matrícula para las apenas cien plazas que ofrece la Facultad de Veterinaria, hay otros relativos a la Universidad de León en general que dibujan una perfecta radiografía de su situación y el interés que suscita entre los nuevos universitarios. Por ejemplo que ha recibido casi 19.000 solicitudes —340 más que el curso pasado— para las 2.420 primeras matrículas ofertadas y que 4.100 de ellas son en primera opción, un número de especial interés.
También lo son las notas de corte, con Biotecnología siempre a la cabeza, Ingeniería Aeroespacial después y Veterinaria en tercera posición. Esa exigencia y el número de solicitudes de plaza avalan, siquiera tímidamente, la recuperación de al menos parte del prestigio que llegó a tener esta facultad histórica que estuvo en el germen de la Universidad de León y que, sin embargo, ha pasado por situaciones y momentos realmente complicados. El trabajo desarrollado en los últimos tiempos por la dirección y el profesorado del centro es, en este sentido, digno de elogio y agradecimiento.
Pero hay, a la vista de esas cifras y esas exigencias, una reflexión que quizá sea de mayor interés. Y es justamente la relación muy directa entre esos grados y esas ofertas de titulaciones y la realidad social de la provincia, especialmente de la capital, históricamente vinculada a la industria farmacéutica y ahora tercer polo biotecnológico en importancia del país, con implantación de las empresas más vanguardistas. También en el ámbito tecnológico e informático. No debería descuidar la ULE esa relación con la realidad social, laboral y económica y vincular sus objetivos al proyecto a las pequeñas y medianas empresas que son la base del tejido empresarial de la provincia y el pilar sobre el que debe sustentar su futuro.