Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

La casa común

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E l albergue de peregrinos de Ponferrada tiene anexa la iglesia del Carmen, realmente es una capilla llena de arte y color. Pero, el valor añadido de esta radica en que en ella se celebra todos los días la misa del peregrino. Un lugar de culto que se convierte en un foro de encuentro mundial donde asisten creyentes de toda raza y nacionalidad.

Se puede presenciar en vivo y directo lo que realmente significa la comunión humana bajo el ideario cristiano de vocación ecuménica y promoción de la solidaridad y unidad entre las personas. Un observador avezado puede penetrar en el significado profundo más allá de lo estrictamente religiosos que representa una celebración eucarística protagonizada por fieles de todas las partes del mundo.

Afirmo lo anterior porque las ideas siguen siendo importantes. Y siguen siendo importantes porque son la expresión de valores y las ceremonias nos los dan a conocer. Pues bien, no hay ceremonia cuyos actos signifiquen tanto y de tan profundo calado como una misa, solamente hay que tener conocimiento previo de sus ritos para poder interiorizarlos.

Las misas de los peregrinos, además de lo que estas representan por sí, nos permiten entendernos y recordarnos de dónde venimos y hacia dónde nos conviene caminar. No es gratuito el hecho de que creyentes de todo el mundo ocupen a diario su tiempo rezando juntos a lo largo del camino de Santiago.

No es gratuito porque es el resultado de la arquitectura europea y por ende del mundo. Sin ánimo de pecar de soberbia, Europa fue el epicentro del mundo y lo fue gracias a sus raíces cristianas. Europa construyó su cultura propia en el arte, letras, filosofía, derecho y toda una organización política y social gracias en gran medida a la teología. En la ‘res-publica cristiana’ medieval todo era cristiano, todo lo mundano quedaba supeditado al servicio de la salvación del alma.

La Europa del siglo XII estaba consagrada al reino de los cielos, la ciudad medieval fue una comunidad en la que la fe cristiana marcaba el paso del tiempo. Fue el momento del estudio y fecundidad intelectual protagonizado por la Escolástica. Se estaba creando la casa común europea.

Esta situación se prolongó durante siglos hasta que los europeos decidieron que en sus vidas no había cabida para Dios y se inició un proceso de secularización que continúa en la actualidad. No obstante, la historia es la que es.

La capilla del Carmen nos devuelve al siglo XII donde las diferentes nacionalidades, razas, creencias políticas o cualquier otro signo diferenciador desaparecen bajo un ideario universal, una idea de mundo basada en la fe cristiana. No les resultaría extraño a san Anselmo de Aosta o santo Tomás de Aquino asistir a estas misas donde simplemente verían europeos.

Y verían simplemente europeos porque ellos que conocieron perfectamente el alma y geografía de Europa no distinguirían entre los españoles, italianos, ingleses, franceses o húngaros que son habitualmente los fieles. Tampoco les llamaría la atención que un hermano franciscano catalán oficiara la misa en varias lenguas y dando protagonismo a representantes de todas naciones allí reunidas.

Nada resultó extraño, ni nada pareció fuera de lugar. La razón es muy sencilla, todos compartían el mismo ideario de universalidad en la diversidad, anteponiendo la esencia del ser humano y su vocación trascendente a las diferencias culturales o de cualquier otro signo.

Salgamos de esta especie de máquina del tiempo que representa la capilla del Carmen y veamos dónde nos han llevado nuestras ideologías secularizadoras, nuestro individualismo y nuestra aspiración de sobrevalorarnos por encima de todos y de todo. No todo vale a la hora de optar por nuestras prioridades, no podemos anteponernos nosotros mismos a la necesidad de tener un horizonte más allá de este mundo. Simplemente no nos está dando buen resultado.

El ser humano tiene la capacidad para idear un mundo mejor y quizás le ayudase a ello el apoyarse en sus raíces y buscar puntos de encuentro basados en su dignidad y naturaleza trascendente.

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