Diario de León
Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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En el ambiente convulso de los últimos tiempos, un senador se jactaba de que «este país se acostumbra a todo». A casi todo, es verdad, aunque la mierda que no cesa oscurezca todo un poco más cada día. La geografía de la corrupción tiene demasiados rincones. Condescendencias, silencios, privilegios y eufemismos forman parte del gran teatro. Uno cree que el derroche en obra pública y el coste de la corrupción lastran la economía española. Posiblemente haya que deducir que el patriotismo, al que tanto apelan, limite con el poder y este sirva de argamasa para la cohesión de un partido, menos para la cohesión social, olvidando así una de las premisas esenciales de la acción política: el poder no está, o no debe estar ni en los grandes despachos ni en los grandes gestos, pertenece en realidad a la calle.

En este contexto, que no es otro que el de la justicia, ha de cobrar sentido la idea que se encierra en este título: la teórica obviedad de a igual trabajo, igual salario. No necesita más explicaciones. Sí, quizá, y siguiendo sobre todo los supuestos femeninos, el quiste acartonado históricamente de las pensiones de viudedad, que venía condenando a la miseria y sus cercanías a no pocas mujeres en un momento biológico en que la capacidad de reacción, y el panorama sociolaboral que se respira, resulta imposible. La paridad aquí es de máxima urgencia, aunque sea progresiva.

Querría subrayar hoy, sin embargo, la tendencia hacia cierta paridad al menos entre la clase dirigente y la ciudadanía. Se agranda la brecha. Vergonzoso lo que se está viendo. La cohesión no puede entenderse como el chollo de la pasta, incluso —repásense parlamentos regionales— por parte de quienes quieren ciertos privilegios de la casta a la que tanto criticaron. Los sueldos escandalosos de los ejecutivos del sector público, los sueldos vitalicios e igualmente escandalosos de algunos consejos y similares inútiles por estériles. Las pensiones que no se sujetan a las condiciones del común de los mortales hispanos. Algunos sueldos suman dinerito público de por aquí y de por allá y se acercan al medio millón anual, cuando muchísimos españoles no llegan a los diez mil. El etcétera sería interminable. Por justicia y por decencia, pongan la mirada también aquí. Supriman, corten, eliminen… Hay que adelgazar y controlar los laberintos del dinero público. La mentira no puede ser parte del sistema. Ni el axioma de que todo tiene un precio. Qué precio.

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