León

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A León le fue infinitamente mejor cuando ponía todos los huevos en la cesta de la devoción mariana; no como en estos tiempos de perillanes que habitan hemiciclos con escaño en propiedad, derecho de pernada y nómina amplia, sin límite, injuriosa. El milagro de los Remedios se reproduce cada 22 de agosto en esas faldas de los montes que forman parte del inventario del paraíso leonés y vierten al Porma, anónimos, al modo de quien dona un patrimonio y pone un gesto de desinteresado que pasaba por allí. Ese es el milagro, el de la modestia, la sobriedad, el decoro de quien puede rebozarse en la ostentación y elige el recato; así es la advocación y así son los fieles. El favor mariano que se convoca en torno al santuario de Barrillos es contar por miles los romeros en un territorio que tiene bastante con subsistir entre una densidad de población que compite con Laponia. Juntar gente fue el propósito final del Miner, de los fondos de cohesión, de los estructurales, del dinero a espuertas que envió Europa para sacarnos de la miseria y satisfacer las coartadas de las administraciones que luego lavaron la aportación en funciones lejanas, en las antípodas de este lugar de actuación. Y después de tantos años y presupuestos, de tanto papel oficial dedicado a sofocar los estados terminales, la única solución para que el asunto poblacional llegue a multitud en veinte o treinta kilómetros a la redonda de este paraje es la convocatoria de los Remedios. Remedios, que es un nombre de mujer, como esperanza y concepción; igual que luz; mujer, como la mina; otra conquista ganada al origen del fenómeno hace más de quinientos años, cuando germinó el fervor entre los parroquianos por su eficaz intervención contra las enfermedades, contra la peste que en aquella época asoló toda Europa. A la intervención milagrosa de estos Remedios se achaca la voluntad fervorosa del gentío, que porfía con los votos de quienes les precedieron desde 1829 en el tortuoso camino que recorre todo este valle de lágrimas. La ausencia de personajes de pasarela y escaparate es el certificado de que esta cita del verano de las sombras alargadas es auténtica; no hay nadie que acuda porque cree ver en los Remedios lo que quiere ver en los Remedios.

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