Publicado por
PEDRO VICENTE
León

Creado:

Actualizado:

No me refiero a la convulsa legislatura nacional, que nadie se atreve a aventurar cuando puede concluir. Ni siquiera está claro que ello dependa de la frontal batalla librada por tierra, mar y aire en torno a los Presupuestos Generales del Estado. Pudiera darse el caso de que el bloque comandado por Pablo Rivera y Albert Casado (perdón por el baile de nombres, pero no me negarán que cada vez resulta más difícil distinguirlos…) consiguiera tumbar el proyecto presupuestario pactado entre PSOE y Podemos y que, pese a ello, Pedro Sánchez no se diera por concernido a anticipar las elecciones generales. Aunque resultara un tanto chusco, nada le impediría prorrogar por segundo año consecutivo los últimos Presupuestos de Rajoy.

Hablo de la legislatura autonómica que en Castilla y León y otras doce comunidades concluye con las elecciones del próximo mayo. Alegando precisamente la incertidumbre que rodea a las cuentas del Estado, el gobierno de Juan Vicente Herrera ha optado por dejar aparcada sine díe la presentación de los Presupuestos de la Comunidad, que, conforme al Estatuto de Autonomía, deberían haber entrado en las Cortes el pasado día 15. Y en consecuencia no ha tramitado el preceptivo techo de gasto a aprobar con carácter previo.

No está muy claro que la excusa aducida impida a la Junta elaborar en tiempo y forma sus Presupuestos para 2019. Sin ir más lejos, nada se lo ha impedido a la Xunta de Galicia, que la pasada semana ha presentado los suyos sin ningún problema. Ello refuerza la sospecha de que el gobierno Herrera ha pensado que para lo queda en el convento no le compensa diseñar unas nuevas cuentas, ahorrándose de paso el fastidioso engorro de tener que negociar, como en los tres últimos años, el apoyo de Ciudadanos. No es casual que el partido naranja, privado de esa baza electoral, sea el único en lamentar esta inhibición presupuestaria de la Junta.

Sea como fuere, la prórroga de los actuales Presupuestos de Castilla y León supone en la práctica dar oficiosamente por agotada una legislatura autonómica no precisamente boyante. Los retos planteados a su inicio presentan un balance paupérrimo. La insuficiencia del modelo de financiación ha seguido disparando la deuda pública, seguimos a la cabeza en pérdida de población sin que se haya adoptado ninguna medida efectiva para atajar la sangría demográfica y la ordenación del territorio rural ha encallado definitivamente. Eso sí, se firmó un pacto para la industrialización que no ha impedido deslocalizaciones como la de Vestas ni que se protocolice el fin del carbón sin garantizar ningún empleo alternativo.

Cargando contenidos...

Sin unos nuevos Presupuestos que intentaran revertir o paliar este declive, la Legislatura autonómica entra en eso que en baloncesto llaman minutos de la basura. Que en este caso no serán minutos, sino como mínimo otro medio año completamente perdido.