EDITORIAL | Cambio horario: consenso político a partir de una decisión ciudadana
La vuelta al horario de invierno durante la próxima madrugada se producirá en medio del debate europeo sobre la utilidad real de una medida que parece condenada a la desaparición en 2019. Y también en una situación de desconcierto, porque tres estados miembros de la UE (Reino Unido, Irlanda y Portugal) se adecuarán al horario GMT. La CE propuso el pasado mes de septiembre modificar esta legislación y emplazó a los estados miembros, que tienen la última palabra, a decidir si se regirán de manera permanente por la hora de verano o la de invierno, instando a una posición coordinada entre países vecinos y proponiendo que el último cambio obligatorio a la hora de verano se haga el domingo 31 de marzo de 2019 o el 27 de octubre de ese mismo año.
Ahora es la propia UE la que plantea la desaparición del cambio bianual, avalada en una encuesta por el 84% de los europeos. Lo cierto es que esta medida, que se adoptó en todo el territorio de la UE como consecuencia de la crisis del petróleo de 1973 para fomentar el ahorro energético, resulta extemporánea. Y sin embargo, en los últimos años ha ido creciendo un movimiento ciudadano que cuestiona la idoneidad de mantener una disposición cuyo ahorro real es marginal y tiene efectos sobre la salud de las personas como consecuencia de los trastornos psicológicos que ocasiona.
Y en cambio supone una ventaja el aumento de las horas de luz y de ocio y la equiparación de horarios entre países vecinos y socios comerciales. El problema es que nos enfrentamos a una decisión política en la que, a lo peor, no se tienen en cuenta el aumento de las quejas de los ciudadanos por los evidentes efectos negativos para la salud y la voluntad manifestada en esa encuesta relámpago en la que participaron 4,6 millones de ciudadanos europeos.