LA LIEBRE
Homeopatía
El termómetro que mejor marca la temperatura de León ocupa kilómetro y medio de calle. Desde las peanas de los leones que escoltan la entrada del puente en la margen oeste del Bernesga se mide el estado provincial los domingos por la tarde. El indicador, que alcanza cotas de rigor científico en las despedidas de Navidad y Semana Santa, se adelanta a las muestras del Paro y la EPA, de las proyecciones del INE y los estudios cocinados por las entidades financieras para adobar el crédito de los pensionistas. No hay mejor manera de conocer cómo se encuentra la provincia que darse un paseo, cuando cae el sol, para certificar que la radiografía válida se dibuja en la doble fila de coches de la cuña que forman Sáenz de Miera y la avenida de Palencia. Sólo hay que sentarse y observar cómo se llenan las dársenas y el andén de las estaciones con la matraca ruidosa de las maletas de ruedas que arrastran a los leoneses hacia la diáspora.
Pero frente a esta imagen explícita surge una nueva corriente que intenta demostrar que no tenemos la segunda peor tasa de actividad y el talento leonés emigra por falta de oportunidades, sino por la inacción de quienes cuentan con todas las herramientas aportadas por las administraciones públicas y no apuestan por sí mismos por pura desidia. El discurso se engorda con consejos de coach de 5 euros la sesión y remedios de homeopatía empresarial, tributarios de aquel mantra de Kennedy que aconsejaba preguntarse qué puede hacer uno por su país en lugar de que sea el país quien se interese por el individuo. El empecinamiento, incentivado por el poder político, en construir el estereotipo del leonés como llorón sin causa, que se suma a aquella admonición de que se nos tiene que caer la boina, choca cada semana con la suma de amenazas sobre una plantilla, como esta con las térmicas, y el relato de hechos que muestra cómo la Junta invita a una empresa a irse a Villabrázaro, en Zamora, cuando quería instalarse en el polígono industrial de La Magdalena.
Quizá haya que verlo con positividad, creer en nosotros mismos. Una vez, la protagonista de una información, descontenta por cómo había quedado retratada, me soltó que yo me había quedado en León porque no valía para estar en Madrid. Tenía razón. Nunca me halagaron tanto con un insulto.