Publicado por
Antonio manilla
León

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Si todavía existiera la revista Interviú, seguramente le dedicaría un reportaje a Villafranca del Bierzo, porque la villa del Burbia, políticamente hablando, acaso sea la única localidad del país —tres años largos después de las municipales, a tan sólo unos meses de las próximas— donde las diferentes formaciones con representación en el Ayuntamiento han sido incapaces de conformar un pacto de gobernabilidad, rigiéndose los destinos de los villafranquinos por una minoría obligada al diálogo permanente y que acude a los plenos, más que a gobernar, a ver qué pasa. Villafranca, que es uno de esos parajes provinciales donde el tiempo parece haberse detenido, que se defiende de la realidad mediante una consciente falta de cobertura del apuro y la prisa contemporáneos, ensimismada en sus monumentos, rozada por los peregrinos que hacen el Camino, acaso contagiada de esa mezcla de ruina y dignidad pétrea y floral que desprende su calle del Agua, parece haber dimitido, en un acto voluntario pero que bien podría haber resultado suicida, de una gobernanza estable.

La realidad, como suele ocurrir, seguramente sea más compleja que lo que puede caber en estas líneas; acaso esté marcada por una maraña de esas oscuras razones que rigen la vida íntima de los pueblos en exceso vueltos hacia sí mismos, donde todos se conocen y no hay secretos y la historia antigua es una herencia que llega hasta nuestros días. Pero, además de una mayoría o un pacto —que es de esperar que surja de los próximos comicios—, más allá de los proyectos que a trancas y barrancas han salido adelante durante esta legislatura, Villafranca necesita una inyección de autoestima que asiente su presente y refuerce su porvenir.

Villafranca se postula para ser sede de una edición futura de las Edades del Hombre. Ahora que nadie sabe todavía cuál será el color de la corporación municipal que surja en mayo, quizá sea el momento de que todos los grupos aúnen fuerzas y manifiesten a una su apoyo sin ambages ni medias tintas a esa solicitud. En un frente común, pese a que las informaciones que llegan a sovoz de la fundación eclesiástica cuentan que lo tiene muy difícil por ahora, porque la villa pertenece a una diócesis que ya ha albergado este evento en dos ocasiones y procede la rotación. Es una aspiración tan lícita y necesaria que merece cumplimiento y Villafranca tiene siglos de paciencia a sus espaldas.

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