EDITORIAL | Los últimos puentes contra la despoblación
El declive poblacional de la provincia de León se está convirtiendo en un mal endémico que no parece tener visos de solución pese a las políticas esgrimidas desde las distintas administraciones para frenar la despoblación. Las medidas anunciadas o que supuestamente se han puesto en marcha se asemejan más a entelequias que a propuestas resolutivas a tenor del devastador informe elaborado por la Diputación, en el que se constata que la inmensa mayoría de los municipios de la provincia, incluidos casi todos sus grandes núcleos de población, no consigue crecer desde principios de este siglo. La situación es ya de clara emergencia pues a medida que pasan los años —el estudio de la institución provincial abarca prácticamente dos décadas— la tendencia es más difícil de enmendar. Quizás sea desmoralizador pensar que la situación es irreversible pero lo cierto es que son pocos los visos que permiten aferrarse a la esperanza, especialmente para territorios que, como las cuencas mineras, tienen ante sí un futuro inmediato plagado de promesas inconcretas y poco esclarecedoras.
El reto es inmenso para el año que ahora comienza pero debe convertirse en el eje ineludible de las actuaciones que se desarrollen en la provincia. Como todos sabemos, la precariedad en la prestación de los servicios básicos y la escasez de recursos laborales están detrás de estas cifras demoledoras, de ahí que no se pueda perder de vista que las negociaciones sobre la financiación autonómica y local y los procesos de reindustrialización sean quizás los únicos puentes que pueden revertir este escenario.