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León

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Carta a la ministra Celaá

U na componente de la fábrica de inútiles colaboradoras en la misión tan noble encomendada, pese al cúmulo mezclado de propaganda un poco mafiosa, esta vocera socialista, izquierdista, irrumpe cada viernes en los medios olvidadiza de su papel institucional encomendado para masticar el fin de semana.

Un día más amargando la sobremesa a los fans del recadito que le ofreciera doctor ‘Plagio’. Cambia el olvido de su quehacer delegado y vuelve cada viernes para convertirse en parlera del socialismo, a la vez que carga herida contra el partido emergente Vox. No es tanto culpa suya como de aquellos que la mantienen en el cargo con tal delegación defectuosa en su labor rutinaria semanal.

Celaá descuida su expresión, pero sin parar en mientes, su insolencia la lleva a pedir a los partidos de la oposición eviten políticamente al grupo ‘inconstitucional’ que apuntan sin conocimiento experimental de su trayectoria política. Van quedando atrás los rescoldos de la celebración de la Carta Constitucional de hace 40 años desde su aprobación. Pudo escucharse sin exageración. “Constitución de la libertad”. Fue el rey Juan Carlos el que trajo por su soberana voluntad la democracia a España renunciando por iniciativa propia a los poderes dictatoriales que había heredado.

Pero esa extrema izquierda tan rancia había decidido por anticipado negar todo reconocimiento, ni siquiera un breve aplauso. Las ministras de las prohibiciones y recortes a lo suyo. ¿Se necesita mayor vagancia? Pisando las huellas de su antecesor en la tarea discriminatoria de destrucción de realidades bien hechas. sin espacio conocido incluso, de verlas experienciadas ni siquiera un tiempo prudente. Un sin qué hacer de mala uva. Él. Zapatero, empezó prohibiendo el tabaco y llegó a prohibir —un rato nada más— circular a más de 110 km por hora.

Las nuevas prohibiciones de la izquierda en tiempos de Pedro Sánchez y Podemos, son imposibles de listar. Prohibido diésel, prohibición de circular por el centro de las ciudades, o infierno, prohibamos colegios concertados, acabemos con la emisión de misa en La 2 de TVE.

La ministra de Tasación ecológica ha anunciado ahora que ella quiere prohibir la fiesta de los toros y la caza. ¿Qué haría la izquierda española si un ministro de la derecha ataca cualquier otra actividad que hubiese sido declarada patrimonio cultural por cualquier organismo o institución? Se requiere vagancia Sra. Celaá para estar de brazos caídos durante cinco meses, sin perfeccionar la expresión en un ministerio tan importante y acometer ahora, en poco tiempo, una labor destructiva de obra bien hecha, apenas puesta en práctica, y a cambio de retazos socialistas desahuciados año atrás por defectuosos, una labor destruida, loada por los grandes expertos y respaldada por el Constitucional.

Se requiere astucia sectaria para no respetar mínimamente a profesorado, alumnado y demás agentes acordes en la tarea educativa emprendida con esfuerzo inteligencia y memoria. como demanda la Educación. A cambio de un bodrio que dicen otros consejeros conocedores de su anteproyecto descolocado en tiempo y espacio repentino.

Ya tuvieron que ser lerdos y torpes los autores de las leyes del PP, afeadas rutinariamente sus obras precedentes bien pensadas y loadas con intentos mediocres de izquierda insana llevados a cabo sólo por el afán de dejar inscrito su nombre en lugares públicos y señoriales. Pobrecita maestra. ¡a dónde quiere llegar con su poco elocuente expresión de cada viernes!

Somos incapaces de comprender cómo el doctor Sánchez con su plagio a cuestas, fue solícito para reclutar tales eminencias, al día de hoy todas cojeando por errores abultados imprevistos, obligadas a rectificación pertinente inmediata, por imitar a su jefe empoderado en Moncloa, sin urnas preceptivas. Nos cupo la suerte de tener que soportar sus andanzas en la consejería vasca antes de que el doctor la fichase. Con los Recalde y otras hierbas sin aroma excitante. Al menos allí al parecer no rompió nada. Pero su reputación en las crónicas mediáticas recientes cotizan a la baja desde que accedió al ministerio de la Propaganda, tarea para la que a todas luces —dice un experto— carece de aptitud y de maña.

Simplemente le cuesta expresarse de forma no ya brillante, sino clara, se lee en la prensa, debe de ser de esas personas discretas y cautas que se hacen valer por lo que callan. (como con Hacienda). No pasa Consejo de Ministros sin que suelte alguna perla cultivada. La penúltima ha sido al PP y a Ciudadanos de “arrogarse el derecho” a presidir la Junta de Andalucía. Tiene compañeros señeros que le cuesta asumir tan gran bazofia acumulada de tantos asesores. Pero claro, el derecho a gobernar como todo el mundo sabe, no asiste a la derecha aunque gane.

Y esa es la noción que a Celaá le brota de modo espontáneo. Ahí está la historia marcada, hecha de Aídos, Pajines con los pueblos despoblados por falta de nacimientos y otras hierbas sanitarias insanas.

Sin importarles las recomendaciones marcadas en la Constitución, concordatos y acuerdos eclesiales firmados y omisos. No basta esa convicción de superioridad ‘moral’ única a la que los suyos están acostumbrados. Un poco de humildad parece necesaria.

Ángel Carvajal Carrera

Europeístas

S i al final de todo y valga la redundancia, todos de una manera u otra nos consideramos europeístas, ahora bien, ya no tengo claro a ciencia cierta si es por interés o por sentimiento, pero algo está quedando patente en nuestra memoria, Europa es el camino a seguir, o por el contrario al igual que nuestros vecinos del norte, podríamos apostar por un brexi t a la española, pero viendo como les está yendo casi diría que no. De las ventajas de Europa nos hablan constantemente, pero de las desventajas, nadie sabe nada. ¡Seamos europeístas!, sí, pero bajo todos los parámetros que ello conlleva, dimitan como lo hacen en otros países, equiparen los sueldos, establezcan medidas de medioambiente serias y sostenibles con el tiempo, tan solo unos ejemplos de europeísmo que no lo es tanto. Eso sí, que resuelvan nuestros pleitos, sumarios y demandas el Tribunal de Europa, que al parecer somos inútiles hasta para esto. Pues miren ustedes, un país que no es capaz de solventar sus propios asuntos, es como un niño que corre tras sus padres, con la clara intención que le saquen las castañas del fuego.

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SANTOS MARTÍNEZ