Una obra urgente como la de la A-66 no puede incluir plazos inaceptables
El mal estado que presenta la autovía León-Benavente, especialmente en la parte más próxima al límite provincial con Zamora, es un problema viejo. Durante años han sido incontables las reclamaciones, incluso de índole judicial por un particular, y parecía que el Estado se había puesto manos a la obra a primeros del año pasado. Después de concluir todos los trámites burocráticos las obras llegaron por fin al vial y se repararon, en principio bien a fondo y con un nivel de éxito notable, unos pocos kilómetros. Pero todo se quedó ahí y las quejas volvieron porque las máquinas se fueron y la imprescindible reparación no tuvo solución de continuidad. Ahora desde el Gobierno se pone en marcha de nuevo el engranaje para abrir una serie de plazos que parecen inaceptables. Los procedimientos de contratación siempre son largos para cubrir todas las garantías necesarias. Pero por ello no parece razonable que se enfríen las cosas entre paso y paso, puesto que entonces se disparan las esperas. Se está poniendo en marcha un nuevo contrato, totalmente necesario, que incluye plazos que son, como mínimo, llamativos. Cuando se trata de una obra urgente resulta incongruente que se cifren en tres años los periodos previstos.
El Gobierno debería tomar cartas en el asunto y realizar la reparación de la A-66, con celeridad porque en juego está la seguridad de las personas que circulan con sus vehículos por un vial fundamental de la red del Estado. Y también parece exigible que la carretera nacional que discurre en paralelo y da servicio al sur de la provincia, ofrezca unos mínimos para no tener que lamentar desgracias.