EDITORIAL | El ‘brexit’, ejemplo del daño populista que en realidad no beneficia a nadie
La construcción europea ha recorrido un camino sin duda exitoso, como se comprueba fácilmente al analizar sus consecuencias, pero también marcado por los sinsabores de decisiones no siempre acertadas. Los egoísmos de determinados países y de demasiados mandatarios han generado o condicionado situaciones que han impedido un mejor y más ágil avance hacia el beneficio mutuo que supone el derribo de cada elemento que genera una frontera o una división. La Unión Europea afronta ahora una nueva crisis sin precedentes, que tiene su origen en la convocatoria irresponsable de un referéndum en el Reino Unido, que nunca debió celebrarse sin unas mínimas garantías de seguridad, porque existía una excesiva ‘contaminación’ que impedía a los ciudadanos votar con un conocimiento adecuado de su decisión.
Ahora llega el brexit a la economía y a la vida real. El daño que provocará es muy notable y prueba que el populismo es el mayor veneno interno que sufren las democracias, porque las lleva a avanzar por caminos erráticos en los que no se persigue el verdadero bien común.
Los cálculos para la provincia de León elevan a 110 millones de euros los contratos que se ven cuestionados por la salida del país británico de la unión hacia la que deberían avanzar todos los europeos. Con lo que está ocurriendo nadie gana, todos perdemos. Y los primeros, los británicos. Pero parece que nadie está dispuesto a dar un paso adelante para frenar un retroceso histórico que ahondará en la historia negra de fronteras del viejo continente.