El cambio en Andalucía
S i no surge ningún imprevisto de última hora, este miércoles se producirá en Andalucía un hecho que bien puede ser calificado de histórico: después de 36 años en el poder, el PSOE será desalojado del mismo y se pondrá fin a lo que ha sido un auténtico «régimen», el socialista, en esa comunidad autónoma. El popular Juan Manuel Moreno Bonilla será investido presidente gracias al apoyo que recibirá de los diputados de Ciudadanos y de Vox.
Andalucía bien puede ser un escaparate de lo que puede pasar en muchos otros puntos de España en las elecciones municipales y autonómicas en trece Comunidades del próximo mes de mayo. La irrupción de Vox en el tablero político nacional es ya una realidad que reflejan todas las encuestas. El futuro de muchos Ayuntamientos importantes que ahora están en manos de la izquierda —Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, La Coruña, Santiago— y el de algunas Comunidades Autónomas gobernadas por el PSOE —Castilla-La Mancha, Baleares, Comunidad Valenciana o Extremadura— está en el aire y dependerá, en buena medida, de si la suma de concejales o diputados autonómicos que consigan el PP, Ciudadanos y Vox supere a la que consigan PSOE y Podemos.
Es cierto que el partido de Rivera ha querido desmarcarse de forma ostensible de cualquier tipo de entendimiento con Vox en Andalucía y no hay por que pensar que esa pauta de comportamiento vaya a varias en los próximos meses. Algunos piensan que esa postura es un puro movimiento estratégico de Cs para situarse en el centro-izquierda del espectro político y pescar votos en el caladero del PSOE. Pero llegado el momento, el partido naranja no tendrá otro remedio que aceptar los votos de la formación de Abascal para gobernar en algunos ayuntamientos donde sus expectativas electorales son buenas, como puede ser el caso del Ayuntamiento de Madrid.
Mientras que llegan las elecciones de mayo, el cambio político en Andalucía ha provocado una cierta crisis en el PSOE. A nadie se le oculta la mala relación entre Pedro Sánchez y Susana Díaz desde que ambos se enfrentaron en las primarias. La derrota de Díaz en Andalucía, no porque no fuera la más votada, sino porque los números no le daban para conservar el poder, ha creado la situación propicia para que el actual presidente del Gobierno y secretario general del PSOE mueva sus fichas para hacerse con el control de la federación más importante de los socialistas. En definitiva, un cambio político en Andalucía que va a ser algo más que el relevo de un Presidente al frente de la Junta. A Casado le ha venido de perlas que su partido se haga con la presidencia de esa comunidad autónoma y a Sánchez se le ha abierto una grieta importante en un barco ya bastante averiado.