Diario de León
Ana Gil
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León

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No hace falta llevar gafas para verlo. En España no hay niños. Al menos no los suficientes. Este país se está convirtiendo en un páramo demográfico cuya extensión no para de crecer, como un insaciable agujero negro. Sumamos datos desgarradores sobre despoblación año tras año, cada vez más mayores, cada vez menos niños, cada vez más ciudad y menos pueblo. No digo nada cuando vives en un lugar de provincias como ésta, donde la realidad se transforma en algo doloroso. Aquí, además, los jóvenes no pueden quedarse, no es lugar para labrarse un futuro en condiciones. Y sin jóvenes tampoco hay vida.

España registra la tasa de nacimientos más baja desde 1941. Y no hablamos de despoblación rural, hablamos también de ciudades. Es un problema generalizado, como ese vecino incómodo al que ya te has acostumbrado. Los niños escasean al mismo tiempo que aumenta la edad en la que las mujeres se atreven a ser madres: 32 años, según el Instituto Nacional de Estadística. Y poco me parece, teniendo en cuenta que vivimos en un entorno árido para procrear.

Ser madre o padre no es fácil. Menos en una sociedad en la que tener hijos y ser joven es una ecuación imposible. Uno de cada cinco españoles vive en riesgo de pobreza, el paro juvenil es atroz y la conciliación entre el trabajo y la vida familiar es una utopía sólo al alcance de unos pocos afortunados. Los números no salen, así que no creo que a nadie le extrañe que aquí no nazcan niños. ¿Quién se atreve a criar sin tiempo y sin recursos?

No hace tanto, las familias estaban formadas por varios hermanos, quien más y quien menos tenía tres o cuatro hijos. Ahora dos es más que suficiente y tres, toda una heroicidad. Y parece que las cifras van a seguir la misma senda, la que nos lleva a ser el ejemplo a no seguir. Es normal que las pensiones nos preocupen cada vez más, porque a este ritmo no habrá nadie para pagarlas. Sin niños no hay presente, ni tampoco futuro. Ellos son el germen para que todo funcione. Se necesitan más facilidades y menos trabas. Se puede, sí. Es cuestión de voluntad, como casi todo. Ahora lo que escasea también es el tiempo para pensar en cómo lo solucionamos porque vamos con dos generaciones de retraso.

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