Diario de León
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EL CORRO PEDRO VICENTE
León

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A menos ya de cuatro meses de la triple cita electoral de mayo (elecciones municipales, autonómicas y europeas) la política española sigue siendo tan volátil como las acciones en Bolsa. El actual tablero político registra, si no un vuelco, relevantes novedades respecto al existente hace tan solo dos meses, concretamente antes de la sorpresa que encerraban las elecciones andaluzas.

El fenómeno Vox podía ser previsible, pero no en la dimensión alcanzada, que, de confirmarse, otorga a la rampante ultraderecha un papel determinante en la conformación de no pocos de los próximos gobiernos municipales y autonómicos (sin olvidar las diputaciones provinciales) que se ventilan el próximo 26 de mayo. La incertidumbre en torno al signo político de los principales ayuntamientos de Castilla y León y de la propia Junta es total, toda vez que Ciudadanos ha advertido que la fórmula andaluza no sienta precedente. Al contrario, hay razones de peso para pensar que en esta comunidad autónoma el partido naranja está hoy más inclinado a pactar con el PSOE de Luis Tudanca que con el PP de Alfonso Fernández Mañueco.

Hasta que no se escrute la última urna no conoceremos las posibles combinaciones aritméticas, en las que un solo escaño en las Cortes o una sola concejalía pueden decantar la balanza hacia uno u otro lado. No conviene minusvalorar en este sentido el papel que pueden jugar partidos minoritarios como la UPL y las nuevas formaciones de ámbito provincial que están emergiendo, amén del sinfín de candidaturas locales de toda laya que proliferan en las elecciones municipales.

A pesar de que sus caladeros electorales no están precisamente próximos, en paralelo a la eclosión de Vox estamos asistiendo a un galopante proceso desintegrador de Podemos, víctima de un cainismo que no parece conocer límites. Fatal noticia para el PSOE de Pedro Sánchez, que aunque recupera parte del voto fugado en su día al partido morado, puede ir olvidándose, pues las cuentas no saldrían, de reeditar tras unas eventuales elecciones generales un pacto con las fuerzas que, vía moción de censura contra Mariano Rajoy, le auparon a la presidencia del Gobierno. Si dentro de la volatilidad hay un factor estable, ese es el que centro de gravedad de la política española se ha desplazado notablemente a la derecha. Y a nadie se le oculta dicho desplazamiento ha tenido su origen en el desafío independentista catalán, que a fecha de hoy sigue sin estar ni mucho menos conjurado.

Con este panorama, me permito desaconsejar que se jueguen un euro en ninguna porra política. Yo no me arriesgaría.

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