León

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Conozco alcaldes y políticos de pueblo que abren el periódico por la parte de atrás con la intención de llegar lo antes posible a la información de la que dependen su supervivencia en el cargo o su asalto al poder. No se trata de la programación televisiva que pueda cambiar su imagen; ni de la inversión con la cual salvar el patrimonio para lucir en la apertura de la sección de cultura; ni siquiera de los deportes en los que el arreglo de las canchas determine la orientación del sufragio de los más activos. No tiene nada que ver con todas esas secciones que se arraciman en la retaguardia del rotativo. Su continuidad o su entrada se relaciona con las páginas en las que el único alarde tipográfico se ajusta a un cuadro delimitado por una fina línea negra. Ahí dentro están los datos imprescindibles. Hay que leer con detenimiento. Comprobar que ninguno de los suyos sale retratado, que no hay bajas que apuntar. Conozco alcaldes y aspirantes a regidores cuyo programa electoral está ligado a la suma de cruces que a final de mandato acumulan en esa lista negra. No hay noticia peor para sus aspiraciones políticas que un mal día de esquelas. Hay mayorías absolutas que han caído antes por un año cargado de gripe que por la acción política.

Por si no fueran suficientes los problemas de los votantes muertos, que a veces se pueden remontar con un empadronamiento a discreción de los que fijan más vecinos en el chozo del pastor que en la avenida Padre Isla, a los políticos de pueblo se les suma este año el solapamiento con las elecciones generales. Pese a que se haya exorcizado la opción de un superdomingo, en el que la papeleta del candidato de la pedanía de Calaveras de Arriba corría el riesgo de acabar en el sobre del parlamento europeo, la coincidencia en apenas un mes de las urnas supone un riesgo. El final del cuento de Pedro y el lobo hace que los ciudadanos deban discriminar con atención al nombre que aparece en el número 1 de la papeleta, antes que el logotipo que se anota en el ángulo superior derecho. No es fácil. Uno quiere que se arreglen las aceras, que el cementerio esté presentable, que haya consultorio médico, que los guajes tengan una alternativa al exilio y acaba por votar susto muerte como si estuviera censado en Parets del Vallés. El riesgo es mayor aún porque, de acuerdo a lo amenazado por los candidatos nacionales, ya sabemos lo que pasará si no les votamos a ellos, pero no qué sucederá en caso de que sí. Atentos a las esquelas. Se está muriendo gente que no se había muerto nunca.

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