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León

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Es una característica innata del ser humano. Nacemos ‘sin mancha’, ‘inmaculados’, sin juicio para valorar lo que está bien o lo que está mal. Poco a poco vamos formado parte de una comunidad a la que nos empeñamos en pertenecer desde bien pequeños para poder sentirnos aceptados donde nos enseñan que todo tiene una única realidad, que las cosas se hacen de esta manera o de esta otra. Que esto es así porque así se ha hecho siempre y que pararse a pensar en el por qué de los hechos supone en la mayoría de los casos algo innecesario y una pérdida de tiempo. Un tiempo del que tampoco disponemos porque siempre lo empleamos en hacer algo.

En este periplo que no tiene fin se nos olvida que nada nos pertenece y nos habituamos a lo bueno asumiéndolo como normal. Tendemos a ver lo que no funciona, lo que el otro hace mal en lugar de lo que hace bien. Ser agradecido no es algo que abunde. Y así surge el ingrato. Siempre fijándose en el error ajeno, dispuesto a criticarlo casi en el acto.

Todo es susceptible de generar un juicio, de que el de al lado opine sobre cualquier cosa. Hasta de tu vida. Total, da igual lo que hagas porque siempre alguien te va a criticar y muy pocas veces te darán las gracias. Hasta juraría que nos educan para que esto sea así. Salirse de lo establecido como ‘normal’ tiene un precio y no todo el mundo está dispuesto a pagarlo. Te somete a la crítica continua y te acerca a la soledad. El ingrato siempre está ahí, al acecho, para nutrirse del juicio que no aporta nada. También es destructivo para si mismo porque carece de gratitud, de esa lente para ver todas las cosas buenas que le rodean que suelen ser cotidianas y casi inapreciables y por eso le pasan desapercibidas.

Todos tenemos algo de ese ingrato. Mires a donde mires siempre hay algo en el disparadero. Puesto ahí para recibir cualquier ataque. O eso nos parece a nosotros. La crítica nos rodea y no nos deja tiempo para el agradecimiento.

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Por eso sería interesante tener un diario de gratitud. Dicen que lo que no se escribe muchas veces no existe. Plasmar sobre un papel todas aquellas cosas que nos hacen afortunados y que llenarían páginas.