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José Luis Prieto Arroyo profesor universitario jubilado, escritor y presidente de Nueva Democracia
León

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E n noviembre de 2012, en el primer Congreso Territorial del Noroeste Ibérico —que tuve el honor de presidir y organizar en mi condición de vicerrector del Campus Noroeste de la Uned—, pronuncié un Manifiesto por el Noroeste Ibérico , cuyos postulados constituyen la base del contenido científico e ideológico de una concepción del desarrollo territorial que el partido Nueva Democracia ha asumido como propia. Dado el contexto académico en el que se elaboró, estaba desprovisto de toda connotación política y perseguía, en realidad, convertirse en el catalizador de un ambicioso proyecto universitario que integrase a todos aquellos departamentos universitarios que, de las distintas universidades de Galicia, Asturias, Región Norte de Portugal y de las provincias de la Región Leonesa, desearan comprometerse con el desarrollo territorial de los referidos territorios.

En este mismo contexto y con idéntica finalidad, el Campus Noroeste de la Uned, junto con la Universidad de León y la Fundación Ciudad de la Energía (Ciuden) promovieron el Observatorio Territorial del Noroeste, que ha venido desarrollando un importante elenco de actividades científicas, como puede apreciarse en la web www.observatorionoroeste.es .

Como promotor y defensor de este espacio que, no me cabe duda alguna, acabará convertido en la eurorregión geopolítica transfronteriza con mayor coherencia interna de toda Europa, desde que en 2008 fuera nombrado vicerrector del mencionado Campus de la Uned he venido tratando de hacer visible ante la sociedad la necesidad de ir avanzando en esa dirección en los distintos ámbitos de actuación que conformarían el entramado socioeconómico-científico-cultural de dicha eurorregión. Y hoy, jubilado de la vida académica, lo hago desde el plano político.

En los ámbitos científico y cultural se han dado pasos importantes y me consta que se seguirá haciendo. Afortunadamente, el sector empresarial ha comprendido que un espacio como el aquí definido, con una población en torno a nueve millones de personas, representa una oportunidad de revertir la dificilísima situación demográfica, económica y laboral por la que pasan todos y cada uno de los territorios concernidos.

Pero la construcción de un espacio transautonómico y transnacional de esta envergadura no es cosa de dos días y no está exenta de dificultades. Algunas se corresponden con las inherentes a un proyecto tan novedoso como ambicioso; otras, las más difíciles de salvar, son las que proceden de las zancadillas y bofetadas más o menos encubiertas, más o menos dolorosas, que el proyecto va a tener que soportar: las que provienen de los distintos intereses empresariales; del mayor o menor grado de implicación de unas patronales u otras (no todas han acogido cono igual entusiasmo este proyecto integrador), así como las relacionadas con las diferencias territoriales respecto de la petición de fondos europeos o la búsqueda de nuevas fuentes de inversión, ninguna de ellas de orden menor.

Pero para nada se pueden comparar con las que vendrán del frente político. Desde luego, a nadie se le oculta que, administrativamente hablando, hay concordancia entre espacio jurídico-político y patronal empresarial en el caso de Galicia y Asturias, pero no ocurre así con las patronales de las tres provincias leonesas, cuyo espacio administrativo es el de una Comunidad que comprende otros territorios que no están en esa plataforma de federaciones de empresarios.

Y es que la política no puede ignorarse en ningún caso. Como todo el mundo sabe, el presidente de Galicia, Núñez Feijóo, fue uno de los promotores de la fallida macrorregión europea del Noroeste, que iba desde Finisterre hasta Soria. Pero claro, solo por abajo; se le olvidaba incluir a Asturias, que para él no estaba en el Noroeste por la sencilla razón de que el Principado pertenecía a un gobierno socialista, dependiendo tanto Galicia como toda Castilla y León de la jefatura popular.

Desde Nueva Democracia vemos las cosas de otra manera. Hemos definido el espacio denominado Noroeste Ibérico pensando estrictamente en lo que decíamos en el Manifiesto de 2012: «La creación de este espacio es fruto de la convicción de que existe una realidad geográfica, histórica y cultural con coherencia interna y susceptible de ser abordada desde postulados de cooperación, sostenibilidad y cohesión social, de acuerdo con los principios y exigencias de la Estrategia Territorial Europea (ETE) y con la idoneidad precisa para adaptarse a la Agenda Territorial Europea (ATE), que redundará en un mejor desarrollo de los pueblos que la integran.»

Lo que entonces denominé Proyecto del Noroeste Ibérico descansa en la noción de territorio. No lo hace sobre la noción de país ni de nación ni de régimen ni de patria. Se trata, pues, de una propuesta de convivencia integradora de los pueblos que la conforman, hoy sujetos a actuaciones con lindes y fronteras que no les son propias (si se consideran, en términos de organización del territorio, sus periodos administrativos más largos), como tampoco les son propias socioculturalmente (si se contempla todo su periodo histórico).

Se trata de un proyecto integrador, ajeno a cualquier pretensión integrista, y, en ningún caso, separatista. Es, objetivamente, un proyecto de comunidad de intereses sobre base histórica, cultural y geográfica. Precisamente, esto es lo que entendemos por proyecto territorial. El Proyecto no solo persigue salvaguardar los intereses de cada uno de los pueblos del territorio, sino que se instituye en garantía de su potenciación, basada en la fortaleza que les da la unión ante otros en el Estado español y en Europa, como se ha dicho. Aunque no descansa estrictamente en las bases históricas la argumentación fundamental de la necesidad de llevar adelante un proyecto de las características del que aquí se propone, es conveniente que queden bien establecidas, pues serán útiles para confrontar con otros ordenamientos político-administrativos que han sido construidos sobre bases análogas.

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Nueva Democracia se compromete con la organización territorial de España en los pueblos históricos que la conforman, de ahí su apuesta por la construcción del País Leonés, abortada en su día por razones espurias, privando al pueblo leonés (y al castellano) del Autogobierno del que gozan los demás pueblos de España. Un País Leonés cuyo futuro se ve mucho más claro en el marco de la construcción democrática del Noroeste Ibérico que ya se puede anticipar.