cartas al director
Mi querido pueblo Sahagún
E sta España mía, esta España nuestra. Pues sí, aquí estoy escribiendo unas palabras, para que todos los leoneses que quieran hacer cosas interesantes, vengan a conocer mi pueblo. ¿Por qué? Para descansar, o cansarse si les apetece pero, solo un poquito. Porque todo está cerquita.
Así que, a 60 kilómetros de León, se puede ver a nuestro rey Alfonso VI de Castilla y León enterrado junto a sus 4 esposas que dijo: «Escojo para mi sepultura a San Facundo, para demostrarles aún en la muerte, el mucho amor que le tuve en vida a esta villa».
¡Qué bonito! que le quieran a uno tanto, yo estoy orgullosa de mi pueblo, que está lleno de gente trabajadora y sencilla y que hace bonito el día a día.
Así que ahí va mi invitación, como dijo Antonio Machado: «Caminante no hay camino se hace camino al andar». Pues el que camine por Sahagún y pueblos de alrededor, por ejemplo Grajal, va a poder disfrutar de historia, buena comida y compañía, porque siempre hay gente haciendo el Camino de Santiago. Así que, todos los leoneses estáis invitados.
MERCEDES QUINTANA VALLEJO
El tren
H ace 40 ó 50 años, el tren era el medio de transporte más apreciado. «Papá ven en tren», decía uno de los mensajes televisivos más populares del momento.
Años atrás aún se compartía espacio en los vagones con ovejas y cabras.
La aparición de las autopistas y el desarrollo de los automóviles y la aviación, dejaron en un segundo plano nuestra querida Renfe durante años, al no poder competir ni en comodidad ni en velocidad.
Ahora mismo el avance experimentado en la calidad de los trenes, la velocidad y las vías de nueva construcción han colocado a nuestro país en uno de los más avanzados del mundo.
En unas horas podemos cruzar España de norte a sur viajando seguro, aprovechando el viaje para ver alguna película, leer un libro o trabajar en nuestro ordenador portátil.
Pero también este viaje se puede convertir en un martirio si los vecinos-as de al lado les da por repasar las enfermedades de ellos-as y sus amigos-as, los medicamentos que toman, lo que dicen los médicos de cabecera, los del hospital, las largas esperas para consultar esas molestias… en fin horas de machaqueo continuo, que se complica aún más con el señor de dos filas más adelante que no deja en paz el teléfono móvil y va leyendo la cartilla a su hijo, amenazándole con tirarle la ropa por la ventana si hace esto o lo otro. Y peor aún con los dos jóvenes que suben en Pucela, se colocan los cascos, y a toda leche la música se escapa hasta de los auriculares con un bom-bom continuo que te vuelve loco.
He decidido escribir una carta a Renfe o Adif o lo que sea porque este jaleo no hay quien lo entienda para que en todas las rutas haya un vagón del silencio (yo los he visto en Suiza) dónde esté totalmente prohibido el escuchar música aunque sea con cascos, hablar o usar el teléfono móvil. El día que esto ocurra será un verdadero placer viajar en tren.
CARLOS CARRERA GARCÍA
Maternidad subrogada
A ctualmente, uno de los debates en España es el que gira en torno a la maternidad subrogada. Desde mi punto de vista, esta debería ser ilegal en cualquier lugar del mundo, no sólo desde el punto de vista legal, sino desde el punto de vista moral. Y es que, si lo pensamos bien, está consiste en alquiler el vientre de una mujer, para que en ella se desarrolle la gestación completa del embrión, es decir, nueve meses cargando una criatura, alimentándola, siguiendo su crecimiento, etcétera y al final se le dice a la madre, la verdadera madre, que ese bebé no es suyo y da igual todo el cariño que le haya podido coger a la nueva criatura. En definitiva, un negocio inmoral que no sólo explota el cuerpo humano, sino que además se le quita de las manos a la madre más verdadera. La solución, la adopción, porque esos niños o niñas, sí que necesitan realmente de unos padres.
DIEGO GARCÍA LEDESMA