TRIBUNA
Lo bueno y lo malo de los 6 años del papa Francisco
H ace seis años, el 13 de marzo de 2013, el Vaticano sorprendió al mundo con la elección del cardenal jesuita argentino Jorge Bergoglio como papa. Cuando tomó el nombre de Francisco, ganó la admiración y el respeto de católicos y no católicos por su sencillez y preocupación por los pobres y marginados. Sin embargo, cada año que pasa, las críticas al papa se hacen más frecuentes y más graves, especialmente por parte de sectores de la derecha católica, que piensan que está traicionando la enseñanza tradicional de la iglesia, y la derecha política, a quien no le gustan sus puntos de vista sobre el calentamiento global, la inmigración y Justicia social. El papa tampoco ha satisfecho a quienes dicen que la respuesta a la crisis de abuso sexual ha sido «retórica, inadecuada y sin plan de solución».
Soy un gran admirador y defensor del papa Francisco, en parte porque creo que cualquier evaluación de sus primeros seis años como papa demuestra que sus logros superan a sus fallos. Pero hay que reconocer que como humano tiene sus luces y sombras. De entre sus logros podríamos señalar el esfuerzo que está haciendo para que la Iglesia deje de ser una institución clerical, centrada en las reglas y la uniformidad. El papa Francisco odia el clericalismo. Constantemente está diciendo a los obispos y sacerdotes que no actúen como príncipes, sino como siervos del pueblo de Dios y les advierte contra la tentación de manipular o infantilizar a los laicos. Exhorta a los sacerdotes a que capaciten a los laicos «para que sigan discerniendo, de una manera acorde con su crecimiento como discípulos, la misión que el Señor les ha encomendado».
Para el papa, la iglesia no es un club de campo para los buenos y los ricos. Más bien, es una «iglesia pobre para los pobres», un «hospital de campaña» para los heridos. Por eso hace hincapié en la compasión y la misericordia. En contraste con el último papa, centrado en el estudio y la enseñanza de conceptos teológicos complejos, Francisco apela al corazón. Se queja de que «hemos reducido nuestra forma de hablar sobre el misterio a explicaciones racionales, pero para la gente común el misterio entra por el corazón». Él cree que «perdemos personas porque no entienden lo que decimos, porque hemos olvidado el lenguaje de la simplicidad e impartimos un intelectualismo ajeno a nuestra gente». San Agustín usó el neoplatonismo para explicar la fe a una generación cuyos intelectuales eran todos neoplatónicos. Santo Tomás de Aquino usó el aristotelismo, el pensamiento vanguardista del siglo XIII, para explicar la fe en su época. El error que se puede cometer hoy en la Iglesia es seguir citando a estos grandes pensadores, en lugar de imitarlos en el desarrollo de nuevas formas de explicar el cristianismo a las personas del siglo XXI. Hoy los teólogos deben tener la libertad de descubrir nuevas formas de explicar el cristianismo, incluso si esto conduce a nuevas formas de entender los derechos humanos, la justicia, la sexualidad, el matrimonio y el papel de la mujer en la sociedad.
A diferencia de sus predecesores, Francisco no teme animar la discusión en la iglesia. «El debate abierto y fraternal hace crecer el pensamiento teológico y pastoral», así es como se manifestó el papa en una controvertida entrevista de 2014 con el periódico italiano Corriere della Sera . Para él, las primeras palabras de la evangelización deben ser sobre la compasión y el amor de Dios, que Jesús repite constantemente en los evangelios. La predicación debe fluir de los evangelios, no ser simplemente una presentación del catecismo y un libro de reglas. En resumen, al papa le preocupa, sobre todo, cómo vivimos la fe, más que cómo la explicamos. Si la iglesia es un hospital de campaña, entonces esta no es solo para los sanos y perfectos, sino para los enfermos y los heridos.
El papa Francisco en estos seis años de su pontificado ha continuado el trabajo de ecumenismo y diálogo interreligioso iniciado por sus antecesores. Ver a un papa de pie junto a un obispo luterano para celebrar el 500 aniversario de la Reforma es verdaderamente histórico. Del mismo modo, su diálogo continuo con el gran imán de Al-Azhar es fundamental para la comprensión interreligiosa y la paz. Tampoco ha rehuido temas controvertidos como la inmigración y el calentamiento global. Poner a la iglesia del lado del medio ambiente ha sido uno de sus objetivos y es crucial para la humanidad en el siglo XXI.
Pero el papa Francisco no es perfecto, tiene sus luces y sombras. Hasta el año pasado no entendía realmente la crisis del abuso sexual. Después de enterarse de que había sido engañado por los obispos chilenos, exigió que todos presentaran sus renuncias porque no habían protegido a los niños. También comenzó a reunirse con las víctimas de abuso para escuchar de primera mano sus historias. Pero aunque ha comenzado a responsabilizar a los obispos por la seguridad de los niños, todavía no ha creado una estructura para hacerlo de una manera sistemática. Por otra parte, cuando ha tratado el tema de las mujeres, parece estar ajeno al lenguaje y las sensibilidades feministas del primer mundo. Su enfoque se centra más bien en los problemas de las mujeres del tercer mundo, lo que le convierte en un hábil activista contra la trata de personas y un partidario de las políticas sociales contra la pobreza principalmente femenina.
El papa Francisco entiende la importancia de cambiar la cultura de la iglesia, pero no entiende la importancia de reformar las estructuras de la iglesia. Por este motivo, su reforma de la curia vaticana ha logrado poco, por no reconocer que ha fracasado. Esperemos que tenga muchos más años como papa para poder lidiar con los problemas que enfrenta la iglesia y el mundo en la actualidad.