Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Las apps

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E xisten apps para todo. Vamos a traducir el acrónimo por «aplicación» para que todos nos entendamos, aunque no sea muy ortodoxo. Tenemos aplicaciones para encontrar los lugares más bonitos, aplicaciones para encontrar los lugares más feos o, todo lo contrario. En fin, existen aplicaciones para casi todo lo que deseemos. Somos unos fieles acólitos de la aplicación. Hoy en día, el que no haya descargado una aplicación no es nadie, no está en el mundo.

La aplicación está reduciendo nuestros actos al ámbito meramente volitivo, el lado racional de nuestra conducta se está apagando el mismo ritmo que crece la intensidad con la que apretamos el botón que activa una nueva realidad virtual que nos permite combatir nuestras limitaciones y carencias.

Esto va tan deprisa que parece no tener límites. En unos pocos años hemos pasado de la brújula a un sistema de navegación implantado en nuestro móvil, con el que el más despistado del mundo puede perderse y encontrarse indefinidamente.

¿Qué será lo próximo? necesito amor, pues la aplicación nos lo facilitará, si necesito odio, también nos lo garantizará, si deseo vivir, pues nos lo permitirá y si deseo morir, moriré. Ya no habrá litigios morales sobre asuntos tales como la eutanasia, o el aborto, un algoritmo tomará la decisión.

¿En qué medida nos deshumanizan las apps? Pues en la medida que nos olvidamos de que son un mero instrumento tecnológico. La ética y la moral no son capaces de seguir el ritmo de los avances tecnológicos. Es posible, o al menos no imposible, que el instrumento o herramienta se convierta en un dictador y nosotros en sus súbditos. Lo que está claro que nos están convirtiendo en seres más perezosos.

Estamos generando una dependencia excesiva respecto de nuestras creaciones tecnológicas. Este es el primer paso de una más que probable esclavitud del ser humano respecto de la tecnología. El segundo y definitivo paso, a decir de determinada literatura de ciencia ficción social, es la toma de autoconciencia de la tecnología. Quizás no nos necesiten como amos y seamos prescindibles. Este mundo está lleno de cosas raras, y cosas más extrañas han ocurrido.

Aunque estamos interiorizando y asumiendo de una forma casi mecánica cada nueva aplicación, no deja de existir un cierto recelo de hacia dónde nos va a conducir todo esto. Y aunque hay verdaderos «techies» que celebran de forma entusiasta cada nuevo avance tecnológico, también los hay que no dejan de desconfiar sobre un futuro incierto absorbido por la tecnología.

¿Y qué pasará con los inaplicadores? aquellos que no formen parte de los fieles tecnológicos. Pues que sencillamente serán excluidos progresivamente de la vida social como si de seres vivientes pululantes se tratara. Autores como Asimov ya adelantaron esta realidad. Es posible que la tecnología nos abrume tanto que determinadas personas la rechacen, dando lugar a una fractura social como otras muchas que se ha dado a lo largo de la historia cuando de toma de posiciones radicales se trata.

Entiéndaseme bien, no estoy en contra del avance tecnológico, ni soy una especie de ludista que intente combatir las máquinas. Sí estoy en contra de una tecnología que no vaya acompañada y predefinida por criterio éticos. Todo tiene un límite, incluso el dios de la tecnología. Podemos destronar ese dios en beneficio propio, sirviéndonos de una tecnología utilitarista y práctica para el ser humano quedando claro quién es el que manda.

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