Diario de León
Publicado por
aquí y ahora antonio papell
León

Creado:

Actualizado:

C omienzan ya los bailes de cifras en las encuestas preelectorales, y ya parece claramente por lo ajustado de los equilibrios que habrá dificultades para conseguir la estabilidad de un nuevo ejecutivo que consiga el apoyo suficiente para ser investido y gobernar. Los cinco partidos estatales ofrecen combinaciones teóricas diversas pero la dispersión y la escasa propensión a los pactos que existe en España —pactar es aquí traicionar las propias ideas— desembocarán en una nueva situación de inestabilidad. Veremos si los temores se confirman o no.

Es obvio que los ciudadanos tienen la solución en su mano: el electorado, que ha demostrado en el pasado tener una gran intuición inteligente, podrá facilitar las cosas o complicarlas, a su antojo. Y para ello, conviene que medite con datos y rigor el sentido de su opción. Para ello, debe conocer con pormenor la oferta política, así como las razones por las que este país ha pasado del bipartidismo imperfecto al pentapartidismo también imperfecto (en ambos casos, la «imperfección» hace referencia a la presencia desequilibrante de las minorías nacionalistas periféricas y del Partido Comunista, con este o con otro nombre).

Fernando Vallespín ha explicado esta transformación en un breve y lúcido artículo. Lo ocurrido es que han vuelto a escena los tres grupos que perdieron la batalla de la Transición, cuyos vencedores fueron evidentemente las grandes formaciones del centro-derecha y del centro-izquierda, el PP y el PSOE, que se han turnado al frente del Gobierno entre 1982 y 2016. Dos de estos grupos derrotados fueron el nacionalismo periférico independentista y la extrema izquierda republicana, que han regresado a escena con ímpetu.

El tercer grupo sociológico-político derrotado en 1978 fue el franquismo, parte del cual mudó sinceramente de convicciones, se adaptó a la democratización y se fue con Fraga.

Las razones de estas resurrecciones han de buscarse sin duda en la crisis económica que acabamos de vivir y de la que todavía no hemos conseguido salir en el terreno social. Estamos creciendo a bien ritmo, y ello exaspera todavía más a las principales víctimas irredentas de la crisis, a las que se les dijo que habían de sacrificarse para gozar después de una vida mejor que la de antes de la doble recesión. Pues bien: hoy leemos con horror que un lustro después de que haya concluido la etapa de los crecimientos negativos se mantiene la pobreza laboral, que consiste en que ni siquiera muchos asalariados que tienen trabajo han sobrepasado el umbral de la pobreza por lo que se mantienen fuera de la clase media y en la marginalidad. También nos enteramos consternados de que se ha averiado dramáticamente el ascensor social, por lo que el punto de llegada personal y profesional de los jóvenes ya no depende tanto de su esfuerzo sino de su linaje. Serán ricos y hallarán buenos empleos los hijos de los ricos y permanecerán en la indigencia quienes sean pobres de origen. Esta condena explica y hasta justifica la sublevación de los menos afortunados.

En definitiva, un sector muy notable del electorado considera que los depositarios del régimen del 78, que supieron gestionar el progreso y afianzar la prosperidad, han fracasado en cambio con la crisis, lo que explica que muchos intenten otro futuro a lomos de otras opciones. Este es el inquietante panorama de desolación social que nos interroga, y ahora cada cual debe meditar su propia solución para salir del pozo.

tracking