TRIBUNA
Como siempre, lo de siempre
D ecía mi admirado y desgraciadamente ya desaparecido Cayo Ramos que la única ocasión en que el político se acercaba al pobre era cuando le pedía el voto. Gran verdad que se manifiesta cada vez que estamos en época electoral. Ahora lo estamos.
Tenemos miles de problemas pero, ¡oh casualidad! están apareciendo en esta época, digo apareciendo, no digo solucionando, esos problemas. Es lo que dice la tradición. Y también la tradición dice que, el político, debe tener un objetivo primordial, más importante que ningún otro. Ese objetivo no es otro que servir al ciudadano. La pregunta es; ¿es eso lo que hacen? No se lo creen ni ellos.
Cada nueva convocatoria de elecciones, los políticos, suelen tener un comodín con el que juegan a su conveniencia. Un año son las pensiones, otro la edad de jubilación, otro las sanidad, otro lo ecológico y así hasta la eternidad.
En las elecciones del próximo 28-A, entre otros comodines hay uno dominante; la España vaciada (Quién inventó ese nombre por Dios, es horroroso).
Pues en esta llamada pre-pre campaña, en la próxima pre-campaña y en la campaña propiamente dicha, que nos llevará hasta las elecciones, oiremos hablar hasta la saciedad, hasta el hartazgo, de la falta de niños en nuestro país, de los pueblos deshabitados de España, de la juventud que sale huyendo de pueblos y aldeas, de la falta de oportunidades cuando no se vive en una ciudad grande.
Pero, vayamos al grano. ¿Quién arregla todo eso? y como dijo Josep Pla, cuando visitó Nueva York por primera vez, ¿quién paga todo eso? Quiero decir arreglar de verdad. Iniciar el arreglo que no será ni fácil ni rápido, pero iniciarlo de verdad.
Comprobaremos durante el tiempo que ya estamos viviendo de campaña, que el político más tonto, tenemos donde elegir, tendrá la solución para todo. Y ese político se volcará en demostrarnos que él tiene la clave, la varita mágica para arreglar todo. Todo esto ocurrirá durante la campaña. Cuando se hayan celebrado las elecciones y cada uno esté en el puesto que las urnas le asignen, entonces si te he visto no me cuerdo. Así de triste es la realidad. Muy cruda.
Los jóvenes, por el mero hecho de serlo, están más abiertos a escuchar cuentos de hadas, pero el ciudadano con experiencia va a ser, va a estar remiso. Está harto de promesas que, cuando pasan las elecciones se diluyen como azúcar en café con leche. Es decir, que se terminó lo que se daba.
En todo caso, será la primera vez que «a las generales» acuden un grupo de políticos jóvenes a los que se les ve con ganas de hacer cosas importantes. Otra cosa es que lo logren.
Debemos asumir que las cosas han cambiado mucho y mucho más que van a cambiar y, además de una forma súper rápida. Y en estos cambios hay que confiar en los jóvenes que llegan.
¿Alguno de nosotros podíamos imaginar a un periodista hacer una entrevista cara a cara con un Papa, hace solo pocos años?
Pues ya la hemos conocido, aunque el periodista pareciese el saxo de un club nocturno. También hay saxos del clubs nocturnos que parecen periodistas. Pero Évole sí? es periodista.
Por eso defiendo que con la juventud van a aflorar nuevas ideas que sería fantástico que además fueran buenas ideas. Solo pedimos que esas ideas se cumplan y que la confianza del ciudadano en la juventud política que está emergiendo, crezca y crezca. Será un camino inequívoco hacia el éxito.
No queremos que el político se acerque al ciudadano, solo para pedir el voto. Estamos mucho más interesados en lo que ocurra después de votar. No queremos que sea una vez mas, lo de siempre, como siempre.