El fascismo ‘antifascista’
L a gran periodista Oriana Fallaci, cuya contundencia y clarividencia le costó tantos disgustos por adelantarse a lo que venía y por llamar a las cosas por su nombre, dijo que había dos tipos de fascistas: los fascistas y los antifascistas. Oriana era italiana. O sea, que de fascismo sabía. Nosotros también. Lo que está sucediendo en España es mucho más preocupante que lo que puedan deparar las urnas, va más allá de unos resultados electorales y una votación ciudadana. Lo que está cada vez más puesto en peligro y al borde de arrumabrse es la esencia de la democracia misma. Y quienes la están perpetrando en estos momentos, a los hechos me remito, es quienes para camuflar su voladura se autoproclaman, y estupidamente algunos medios de comunicación aceptan, como antifascistas.
Resulta que tales «antifascistas» resultan ser quienes impiden el ejercicio de la libertad, quienes atacan a la gentes cuando estas pretenden expresarse, reunirse, convencer a los demás de sus propuestas. Son quienes atacan a un puesto electoral, agreden a quienes pretenden acudir a un mitin, acorralan y zarandean a una candidata a las elecciones o, esto sucedió ya en Valladolid, cargan contra una procesión católica e insultan y amenazan a quienes en ella participan.
En muchos casos los agresores son quienes no solo no han condenado jamás los asesinatos terroristas de ETA causantes de cerca de 900 muertos, incontables victimas y terribles agresiones contra la vida, los derechos humanos y la libertad de las personas. Otras veces los presuntos «antifascistas» son los más fanáticos nacionalistas separatistas que niegan la condición ciudadana en sus territorios y los derechos constitucionales a quienes osan no compartir sus postulados.
Llevamos cierto tiempo asistiendo a tales acciones, que fueron incluso defendidas con énfasis por Podemos. Pero a los señalados ha venido a unirse un elemento que no parecía posible que sucediera. El Gobierno, su presidente y el PSOE permanecen silentes y en ocasiones hasta parecen justificar tales conductas. E inactivos. Y en Valladolid han dado un paso más que produce escalofríos. Al frente de los insultos a los cofrades de una procesión religiosa, algo que puede calificarse de delito de odio y que como tal lo calificarían ellos mismos si se tratara de una fe diferente a la cristiana, por ejemplo la musulmana, resultaba estar un concejal socialista mano derecha del alcalde de vallisoletano, Oscar Puente, portavoz nacional, además, de ese partido. ¿No va a haber contra el sanción alguna? No puede haber en esto equidistancia. Los agresores tambien son reconocibles, por mucho que se encapuchen o camuflen y es deber de las Fuerzas de Seguridad del Estado y de la Justicia que sean detenidos y procesados por estos hechos. No hacerlo hoy puede ser el germen de un mañana que da miedo.