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AL TRASLUZ EDUARDO AGUIRRE
León

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El dilema no es si al centro político se llega antes andando o en taxi, pues no es lugar sino actitud. No es sitio, sino talante. Tras el batacazo, el PP ha anunciado un viraje al centrismo. Lo mejor es concretar antes qué no es. Resulta evidente que lo de Pablo Iglesias no puede ser calificado de centro, pero lo de José María Aznar tampoco. Personalmente, creo que sí existe esa España mayoritaria y cervantina del «justo medio», a la que se la viene defraudando. Ahora bien, nadie es centrista porque de joven militó en UCD o porque lo diga él o ella. ¿Rato y Cifuentes son centristas? ¿Y Cospedal? ¿Y Esperanza Aguirre? ¿Y…? No llamemos centro a la ultraderecha, pero tampoco al mero egocentrismo del cargo. A mí sí me parece Casado un político de centro y centrado, como lo son aquí Silván o Mata, entre otros. No hay una única forma de serlo, en eso consiste su enorme potencial. El vicepresidente de la Junta, De Santiago-Juárez, ha puesto el dedo en la llaga: «En el entorno de Casado debería haber menos Aznar y Faes, más Feijoo y Herrera». Muy acertado, aunque también a su partido se le ha colado en el gobierno autonómico algún garbanzo negro, incluso garbanza. El verdadero centrismo conlleva —como la honradez— examen diario, no es plaza vitalicia. Está estrechamente ligado al sentido común. Es decir, ligado a la calle. Claro que también se dice que es el menos común de los sentidos.

Las reconquistas políticas no se hacen hoy con casco, sino con razones y votos. Don Pelayo no era de derechas ni de izquierdas, ni del Oviedo ni del Sporting. En todo caso, del Real Madrid. Le mando desde aquí a Iker asillas mis deseos de recuperación.

No hay ya derecha, sino derechas; tampoco existe una única izquierda o un solo centrismo. Pero para unos y otros el deber es idéntico: gestión eficaz y conducta recta. Lo contrario lleva al voto por resentimiento. El día anterior a la jornada electoral coincidí con Javier Alfonso Cendón, secretario provincial del PSOE, en la cola de Correos. Y pensé en lo importante que es para un político seguir haciendo lo que todos hacemos, pues su vocación no ha de serlo de poder, sino de servicio. A veces, en los partidos el peor rival se tiene en la propia sede.

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