TRIBUNA
¿Conoce Francisco el Derecho Canónico?
¡ Naturalmente que tiene que conocerlo! Por eso extraña que al nombrar a un obispo no lo haga cumpliendo lo que ordena el Canon 331, que precisa de varias cualidades para ser obispo y, entre ellas, (4ª): «Que esté dotado de buenas costumbres, piedad, celo de las almas, prudencia y demás cualidades que le hagan apto para gobernar la diócesis de que se trata». En definitiva que se tenga el juicio de la «idoneidad». De forma que, para ser obispo de cualquier diócesis, es necesario que se conserve la doctrina, mantenga las buenas costumbres, corregir las malas, promover la paz en el pueblo (Canon 343). Cuando se nombra a un obispo en una diócesis —en este caso en Tarragona— cuyo nombre no sé —ni me importa— que se olvida de la totalidad del pueblo y sigue las ideas políticas de un parte de ese pueblo, está incumpliendo los requisitos elementales para el cargo del episcopado o el arzobispado.
Pues siguiendo el catecismo de la Iglesia católica, que al considerar las características del «Pueblo de Dios» se dice: «le distinguen claramente de todos los grupos étnicos o culturales de la historia» y «no pertenece en propiedad a ningún pueblo» (782). La Iglesia y el Pueblo es una sola identidad. Pero si se envuelve a la Iglesia —física o idealmente— con una bandera que representa un cuerpo distinto a las leyes —divinas o humanas— se está incumpliendo la misión eclesial. En este caso, al nombrar a un obispo que ha adornado un templo de oración con una banderola que es seguida por una parte del pueblo —no por todo el «Pueblo de Dios»— se está desvinculando la misión «sana y ortodoxa» a que obliga el Canon 343 del Derecho Canónico. Si además esta banderola está orlada por una estrella similar a la de Cuba, Corea del Norte o de cualquier otro país adoctrinado por el marxismo (ya se intuye lo que quiero decir), se aleja de la objetividad y equilibrio, que debe seguirse por la doctrina de la Gaudium et Spes que reprocha «los regímenes cuya naturaleza es contraria a la ley natural, al orden público y a los derechos naturales de las personas».
Es acercarse a lo que, en su día se llamó ‘Teología de la Liberación’ —que más tarde se denominó ‘Teología del Pueblo’— que se preocupaba del adoctrinamiento de una parte de la sociedad. Un ejemplo de ello lo tenemos en el cura Ernesto Cardenal que por su vinculación política fue suspendido a divinis por Juan Pablo II y rehabilitado por el papa Francisco en 2014. Esa doctrina que se ha trufado con una visión religiosa —de oscuridad marxista, anacrónica y pasajera— denominada «cristianos por el socialismo», no está exenta de una visión temporal, olvidando que el cristianismo es una religión de la «Palabra de Dios». No obstante, el cura Cardenal llena sus poemas de visiones político-terrenales. Lo mismo canta a las barricadas juveniles revolucionarias que se regodea en los Salmos izquierdistas: «Señores defensores de la ley y el orden/ ¿Acaso el derecho de ustedes no es clasista?/ el civil para proteger la propiedad privada/ el penal para aplicarlo a las clases dominadas» ( Salmo 57) ¿No es esto una visión marxista de la lucha de clases?
Alguna humillación más se nos ha hecho a los españoles desde Roma. Una de ellas es el olvido de celebrar —con asistencia papal— el quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Ávila. Si es un desdén hacia los abulenses, también es un desprecio a los leoneses, pues al leer las páginas del libro de Antonio Natal —Teresa de Cepeda, Realidad y Leyenda — sobre el origen de la Santa, demuestra su relación nativa de Teresa de Cepeda, como oriunda de La Cepeda. Celebrar un quinto centenario de una Doctora de la Iglesia no es baladí y quizás hubiera merecido la visita a Ávila o a León por parte del Romano Pontífice.
Se ha oído decir a Francisco que visitará España «cuando haya paz». Por lo visto para la más alta dignidad del Roma, la paz, es un concepto jurídico indeterminado. Si la paz es la ausencia de la guerra, debe saber que llevamos 80 años disfrutando de una régimen pacífico y democrático; de tal surte que, o está mal aconsejado, o no conoce la realidad de sus ovejas que, como pastor universal, debe de conocer sus apriscos y pastos. Y digo indeterminado porque puede no existir paz por guerra y peleas físicas o intelectuales (es un decir); y precisamente pueda referirse a las guerras que se siguen entre los Obispos que se posicionan en un lugar de España a favor de guerra político-religiosa. Nosotros nos guiamos más bien por lo que nos dice la Biblia: «El señor te muestre su rostro y te conceda la paz» (Números 6, 24). Quien debe de promover la paz es, precisamente, el miembro del episcopado. Paz del obispo para su grey; Paz del arzobispo para el camino tranquilo hacia lo Eterno. Ya que estamos hablando de Santa Teresa, reproducir lo que ella cantaba: «Todos los que militáis/ debajo desta bandera/ ya no durmáis, no durmáis/ pues que no hay paz en la tierra».
Los nombramientos de obispos para España se merecen que se hagan cumpliendo estrictamente el Código del Derecho Canónico y que no estén imbuidos por ideología destructiva de la unidad de España De todas formas, como dice un amigo, católico practicante: «A mí la fe no me la quita ni el representante de Dios en la tierra».
Nota bene.- Sigo mantenido en la certeza personal de mi poemario Tratado de Mística (Gomylex , Bilbao, 2016).