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León

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Existe un libro que todavía circula por ahí que se titula ‘Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas’. En su día, hace casi una década, suscitó cierta polémica y fue un éxito de ventas. Más allá de su contenido, lo cierto es que el título engancha porque, aunque no se puede generalizar, lo primero es una verdad absoluta y lo segundo, en mi caso, también.

Los mapas me parecen un laberinto ininteligible que, la mayoría de las veces, no me llevan al sitio que busco, con lo cual no los consulto. El GPS no me resulta una opción cómoda porque, las pocas veces que he recurrido a él, tampoco me ha servido de gran ayuda ya desde el momento de seleccionar el punto de partida. La comodidad de llevar copiloto hace el camino mucho más fácil y reduce la posibilidad de error de forma considerable. Yo, que no suelo hacer largos recorridos en coche por esto que cuento, me aventuré hace unos días a adentrarme en la A-66 en el tramo entre Benavente y León.

La palabra aventurarse se queda algo escasa aquí. Resulta realmente incómodo conducir por esa autovía que llaman ‘del infierno’ con toda la razón. Continuos baches, boquetes exagerados y cambios de vía lo convierten en una especie de peligroso parque de atracciones. Lo están arreglando, si, pero al menos de momento, sigue siendo un desastre. Los 75 kilómetros que separan Benavente de León tienen además una alta densidad de tráfico, lo que complica todavía más el trayecto.

Mientras lo arreglan y no, podría ser una buena idea que pusieran un peaje en el camino, pero no para pagar, sino para que nos paguen por el desgaste de coche y también de músculos, pues los brazos se quedan como dormidos de tanta tensión y movimiento brusco.

Una vía que nos une con Madrid y que es la principal para comunicarnos con Asturias no puede presentar semejante estado, sobre todo por un tema de seguridad. Y no, circular por el carril de la izquierda, no es la solución. Tampoco es comprensible el retraso de las obras en algo tan urgente. No hay excusas que valgan.

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Eso sí, al menos ahora conozco bien el camino porque es imposible no fijarte bien en cada palmo del trazado. A la fuerza.