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AQUÍ Y AHORA FERNANDO JÁUREGUI
León

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L a vieja política, en España, está aquí, nunca ha terminado de irse, por muchas cosas que ocurran en nuestra oscilante, surrealista, coyuntura. Las propuestas son siempre las mismas y no precisamos de una aplicación como FaceAPP, tan de moda, para pensar en las arrugas que dentro de unos años tendrán las ideas de nuestros políticos: ya están añosas. Creo que Sánchez peca de ingenuo cuando cree que las otras formaciones políticas harán lo que él cree que gustaría a una mayoría de los españoles, o sea, dejarle gobernar en su paz. Que se sepa, Pedro Sánchez no ha ofrecido nada a cambio de las abstenciones. Ni siquiera un programa que pueda confortar a alguno/s de los grupos invitados a abstenerse. Ni una dádiva, más allá de las migajas de segundos escalones a Podemos, eso sí, con el «diablo» —palabra, lo he escuchado en boca de alguien importante— Pablo Iglesias vetado.

Y la política hoy es do ut des , cesiones y acuerdos beneficiosos para todas las partes. Avance. Imaginación más allá de la política de mera imagen. Reformas, Regeneración. Por ejemplo: ¿qué tal si el lunes, en vez de pedir la abstención de todos, Sánchez lanza la idea de un gobierno de todos, presidido por él mismo, para, al menos durante dos años, proceder a una serie de imprescindibles reformas «de alcance» pactadas entre todos? ¿Por qué no van a estar en ese Gobierno ‘de cooperación’, o más bien de concentración, sensibilidades próximas a Podemos, a Ciudadanos, al nacionalismo vasco y al nacionalismo catalán no independentista, al propio Partido Popular? Y, sobre todo, ¿por qué no iban a participar representantes destacados de la sociedad civil?

Claro, esto es volar hacia lo imposible en esta España nuestra. Pero también lo es pretender que todos te dejen gobernar, absteniéndose, y convencernos de que se puede gobernar con apenas 124 escaños, contando con el ya famoso cántabro, el de Compromís y nadie más. ¿Dónde quedarían los afanes regeneracionistas, de cambio, que este país necesita? ¿Quién aprobaría los Presupuestos? ¿Se trata apenas de sobrevivir unos meses más, unos años, en La Moncloa? ¿Más abstenciones? España no puede ser la nación de la abstención, sino la de la construcción activa del futuro. Ese sería el discurso que a mí me gustaría oír de labios del presidente el lunes a mediodía. El discurso que, ay, no escucharé. Porque, y me gustaría equivocarme, aquí andamos, con el FaceAPP político instalado. Y no como realidad virtual precisamente.

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