Vías cegadas
A l tiempo que, con mayor o menor dificultad, las más diversas coaliciones de gobierno se abren paso en las comunidades autónomas, la fórmula ha encallado, puede que definitivamente, respecto al gobierno de la nación.
No es verdad que el fracaso de la viciada negociacion mantenida entre PSOE y Unidas Podemos devuelva las fichas a la casilla de salida. Los socialistas dan por descartada ya esa coalición -“rechazada está y rechazada queda”, ha zanjado de forma taxativa Carmen Calvo- y anuncian su propósito de explorar otras vías. En realidad, la única posible sería la abstención del PP o de Ciudadanos, tal como les pidió, ironías del «no es no», el propio Pedro Sánchez durante el debate de su frustrada investidura.
Si esta es la única ópción, y aritméticamente no hay otra, la cuestión se me antoja meridianamente clara. Por razones obvias aunque no exactamente coincidentes, ni Pablo Casado ni Albert Rivera están por esa labor. Pese a unos paupérrimos resultados electorales que amenaban su liderazgo, Casado ha conseguido asentarse al frente del PP y ha consolidado su posición hegemónica en el bloque de la derecha. Siendo el más legitimado para postularse como alternativa al gobierno socialista, nada más contraproducente que proporcionar un balón de oxígeno a Sánchez. Máxime cuando sería el más beneficiado por una repetición electoral en la que Rivera no tiene nada que ganar y Vox mucho que perder.
Lejos de retirar el «cordón sanitario» con el que estigmatizó al PSOE en la campaña electoral, Ciudadanos ha convertido el «no a Sánchez» en un estardante con el que a su vez compite por el mismo espacio político que PP y Vox. La referencia a los socialistas como «la banda de Sánchez» da idea de la deriva en la que ha entrado Albert Rivera. Y de ahí no se va a apear por más que el partido naranja pueda salir trasquilado —ya ocurrió en 2016— de la repetición electoral. Así las cosas, salvo que el vértigo electoral arrastre a Unidas Podemos a votar sí a Sánchez sin participar en su gobierno, todas las vías están cegadas. Las urnas volverán a tener la palabra.