Máximo Soto Calvo, Asociación pro identidad leonesa
Entre el bolsillo horadado y el ‘ser leonés’
¡Hay pueblo! Así, con énfasis contenido, mi amigo Vicente Vidal comenzó a trasladarme vía teléfono su especial apreciación del desarrollo de la manifestación del 16 de febrero. No me sorprendió, vino tal apreciación a intentar sacarme del desaliento, allende Legio, de que el pueblo leonés, como tal, a fuerza de ningunearle desde el ente autonómico, ha ido cayendo en el cepo de la desesperanza… y acababa de «apuntar maneras» ya ensayadas con anterioridad
Si ponemos la mano sobre el corazón, cuando éste es conciencia leonesa a latidos, no podemos menos que percibir el pulso personal culpable del escaso esfuerzo de pervivencia en muchos, demasiados, que, con un voto entre indolente e ideologizado, afianzan a aquellos que nos arrinconan y someten a un forzado posicionamiento castellanoleonés político, intentado desde el momento de la preparación autonómica en democracia. Nunca buscaron la confraternización de ambos pueblos, sí una imposible fusión que surgía con epicentro en Valladolid. Consiguieron la centralización, pero no sin la protesta popular leonesa, muy significativa y persistente en el León provincial, en su forzado papel de reducto de la región leonesa.
Han sido necesarias casi cuatro décadas, para el ensayo de otro gran encuentro reivindicativo de leoneses en las calles legionenses. Dejando claro que no han pasado silentes los 36 años, pero sí que el opio político propagandístico concentrado en el espantajo partidista y autonómico, ha llegado a cotas intolerables, en tanto en la urnas leonesas, se retrataban los más, apoyando a los cuidadores del bicho que nos seguía engullendo. ¡Hay pueblo! El 16-F con ímpetu se volvió cuando menos a igualar si no en número sí en intensidad a la gran manifestación de mayo de 1984, ahora con enfado añadido: La situación de emergencia económica a la que nos hemos ido dejando conducir por el ente autonómico actuaba como acicate.
Los dirigentes sindicales de León, del decadente León actual, creyeron oportuna la movilización sindical y ciudadana en defensa de los intereses de un León, en su caso el provincial leonés, alicortado en lo económico, desguarnecido en lo industrial y sin visos de repunte alguno, así nos convocaron a la manifestación. He ahí una primera diferencia comparativa entre las manifestaciones mayo 1984/febrero 2020. El tiempo que marchita la memoria, o se acomoda a las vicisitudes, no apunta que estuvieran en aquella, pues tragaban con los efluvios del ente autonómico que se nos imponía, y fueron otros los que promovieron y organizaron la más grande aquí conocida, en ella un lema se imponía: «Con Castilla no».
Los dirigentes sindicales de León, del decadente León actual, creyeron oportuna la movilización sindical y ciudadana en defensa de los intereses de un León alicortado
La comprometida ciudadanía en general, el movimiento asociativo cultural leonés y leonesista, elementos activos en ambas, daban, como ahora se dice, transversalidad al acto, yo mejor diría ¡profundidad! Los leoneses arropados con nuestra bandera sobre los hombros, puede que de manera menos vistosa, pero sublimando nuestra personalidad colectiva; o de otra manera, haciéndola ondear que viene a ser un «ahí va León» que emociona, cumplieron su cometido, en todo caso pusieron la nota de color púrpura como distintivo… Un pueblo que lucha unido no puede ser vencido, no es utópico.
No sé si es significativo o no pasa de simple coincidencia: En ambos momentos hay un político con madera de líder en el consistorio legionense: Morano, entonces; José Antonio Diez, en el actual. Motivación: En la primera movilización primaba el rechazo a la obligada incorporación de León al ente, controlado entonces por socialistas, sin respeto identitario regional leonés alguno; y hoy, negándonos a seguir en él, cuando dos factores nos empujan: No sólo persiste la despersonalización, sino que es más lacerante, y la decadencia socioeconómica leonesa paulatina y desesperante propiciada en el ente se hace insoportable. A esto último hay que añadir que el centralismo absorbente y mendaz se viene adueñando hasta el límite de lo nuestro, lo que nos correspondía presupuestariamente, y con el espejuelo de prebendas, llevándose industrias y empresa leonesas.
La moción leonesista, que está floreciendo en otros ayuntamientos, no es simple emulación, es asunción de un compromiso y la comprensión de una realidad. Cuyos alcaldes y ediles, hay que decirlo, han sido reconvenidos, cuando no amenazados por sus «superiores», que alardean de demócratas. Toca salir de la comunidad impuesta y empezar un autogobierno leonés. Todos los economistas hablan de mejora económica.
El redondeo beneficioso del ente, los autonomistas que lo manejan lo ven resquebrajarse, sin querer comprender que ellos los uniformadores y uniformistas, los que bien afincados políticamente no quieren escuchar la voz leonesa, y pretenden que nosotros, el pueblo, los de a pie, comulguemos con las ruedas de molino que su centralismo, el autonómico, y el poder nacional de los gobiernos habidos, sin más ambages que lanzar el falso anatema del «mapa cerrado» que nos niega historia y autogobierno constitucional, buscan por todos los medios amedrentarnos. La pantomima de un «León más fuerte», pero encadenado al poder castellano, ni cuela ni es aceptable por más tiempo. Los colaboracionistas «nuestros», acoplados al papel de segundones, ¿hasta cuándo seguirán de corifeos?
No hace mucho tiempo, en este medio, mostré, dentro de mi personal entender autonómico y reivindicativo de lo leonés, la queja de que nuestro paisano García Ferreras, en su «Al Rojo Vivo», de gran audiencia, no recogiera el tema de la lectura de los Decretas en el Parlamento nacional, ni tan siquiera con un comentario. Ciertamente que yo entendía el acto como a destiempo, dado el cauce autonómico que lo promovía con aditivos que sofocaban el Parlamentarismo leonés de 1188. No sé si él lo percibió en silencio. Pero hete ahí que hoy, en este momento de efervescencia reivindicativa leonesa para un autogobierno regional leonés, ante el insulto de la presidenta madrileña, la señora Díaz-Ayuso, llamándonos paletos por pedir autonomía propia y defender nuestra identidad, que ella no reconoce, su respuesta ha sido de enfado manifiesto. Y además ratifica que apoya la autonomía leonesa. No podía ser de otra manera, y así lo recojo con enorme agrado.