Diario de León
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Debo decir que hay bastantes cosas que me desconciertan. Por ejemplo: he visto manifestantes que se unían bajo el eslogan de «la unidad nos hace fuertes». Yo comparto esa idea y creo que sería bueno para España el avanzar en las posturas comunes para hacer frente a esta pandemia y a sus consecuencias. Sin embargo ya no puedo entender que quienes dicen «la unidad nos hace fuertes», luego resulta que para construir esa supuesta unidad se dedican a insultar al adversario político. En principio la unidad se construye desde la aceptación de la diversidad política o social. No parece que el mejor camino para construir una unidad en cualquier terreno sea el de la exclusión. Ese concepto de unidad excluyente está en el núcleo de todos los pensamientos totalitarios sea de una ideología o de otra.

También forma parte de ese desconcierto el que personas que llevan banderas con el escudo de España preconstitucional resulta que van demandando «libertad». Uno diría que el franquismo no fue precisamente un régimen de libertades.

Si pienso que para afrontar los problemas ya sea en una familia, en una empresa o en un país, el lograr escenarios de unidad es absolutamente conveniente. Vamos a suponer que aquellos que rechazan al actual presidente de España logran su objetivo y ponen al frente de un nuevo Gobierno a Pablo Casado. ¿De verdad piensan que con ello se habría dado un paso en la solución de los problemas de España? ¿Qué ello favorecería lograr la unidad política y social de los españoles?

Avanzar en espacios de unidad exigirá debatir medidas y propuestas. Dejar a un lado las posiciones maximalistas de cada uno y buscar los puntos comunes

Avanzar en espacios de unidad exigirá debatir medidas y propuestas. Dejar a un lado las posiciones maximalistas de cada uno y buscar los puntos comunes que posibiliten llegar a acuerdos. Desde luego hay que evitar las descalificaciones y centrar los debates mucho más en las medidas a adoptar y menos en las personas. España es como es. En democracia ello se traslada a un Parlamento a través de unas votaciones. En mi opinión en este momento hay muchos más esfuerzos en «derribar» al contrario que en buscar escenarios de unidad que nos permitan afrontar mejor esta crisis. Dicho de otro modo, lo que es prioritario para la ciudadanía no se traslada suficientemente al ámbito político.

Se está dando un cierto secuestro de los símbolos de España, como es su bandera, que algunos los exhiben como si fueran propios. En un acontecimiento deportivo en el que España juega con otro país, aquellos que hemos llevado la bandera española para apoyar a nuestros jugadores no tenemos que asumir un determinado planteamiento político. Es una identidad con mi país como sucede en cualquier parte del mundo. Identificar la bandera española con un pensamiento político es algo que perjudica especialmente a España. No puede haber una «España sin españoles».

Esa apropiación también busca extenderse hacia otros conceptos como «la unidad» o «la libertad». En ese sentido no deja de ser paradójico que un gesto de solidaridad con el personal sanitario, comerciantes, transportistas, fuerzas de seguridad… como era el aplauso de las 8 de la tarde, desde esas posiciones se hace un llamamiento a boicotearlo y sustituirlo por una cacerolada de «unidad nacional». Del gesto generalizado de las 8 y que no tenía connotaciones políticas se propone otro impulsado por un partido político y todo ello para lograr la «unidad nacional». Igual ustedes lo entienden pero la verdad es que tiene difícil explicación.

Ese concepto excluyente de país se ha venido dando en Euskadi. Desgraciadamente aún siguen existiendo personas que no aceptan la pluralidad social y atentan, de uno u otro modo, a aquellos que no piensan como ellos. También hay otros que sin actuar así, evitan condenar este tipo de actos. No creo que sea casual que quienes han padecido directamente esa situación ahora lideren un movimiento que, siendo opuesto, comparte esos modelos excluyentes de país. No hay que olvidar que el significado de ETA es «Euskadi hacia la libertad». Aquellos que asesinaban a los discrepantes lo hacían aludiendo a un concepto de «libertad». Es un secuestro del lenguaje que se ha hace necesario denunciar y evitar.

También es oportuno recordar que una de los lemas de la España franquista era del de «Una, grande y libre». Es decir también desde la dictadura se hacía alusión a los conceptos de «unidad» y de «libertad». Sigue en ello los modelos excluyentes. «Unidad» para los que pensamos como «nosotros» y «libertad» lo mismo. A los demás se les excluye, se les encarcela o directamente se les elimina. Es una unidad que se logra eliminando al enemigo o al adversario político. Todas las dictaduras y los movimientos totalitarios tienen bastantes puntos en común.

Sin embargo hay otros que apostamos por modelos de unidad y libertad basados en la aceptación de aquellos que no piensan igual que nosotros. Que no tenemos que pensar lo mismo para querer cada uno lo mejor para nuestra tierra. Que las visiones son distintas y que el otro no es necesariamente un malvado a eliminar por no coincidir con nuestros planteamientos. Yo soy de los que pienso que esa es la unidad que nos puede llevar a crear los mejores instrumentos para afrontar esta crisis. No podemos volver a «las dos Españas».

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