Diario de León

Ante el LXXV aniversario fundacional de Santa Marta

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Eduardo Álvarez Aller
León

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Setenta y cinco años en la historia de una entidad puede parecer un periodo de tiempo insignificante, ciertamente así es. Sin embargo, cuando tomamos perspectiva y nos situamos en la historia de la Semana Santa de la ciudad de León, descubriremos que los últimos tres cuartos de siglo transcurridos han permitido escribir capítulos de gran trascendencia. El 11 de diciembre de 1945 don Luis Almarcha Hernández, a la sazón obispo de la Diócesis legionense, rubricaba la constitución de esta Hermandad con sede canónica en la iglesia parroquial de San Marcelo, patrón de la urbe leonesa. Asistimos, por lo tanto, al LXXV aniversario fundacional de la Hermandad de Santa Marta, una conmemoración en la que subyace una gran relevancia por derecho propio, pues su creación supuso el aldabonazo —más que necesario— para propiciar la gran evolución de la Semana Santa leonesa que poco a poco modelaría el panorama «semanasantero» hasta alcanzar el que conocemos en nuestros días, configurado por dieciséis cofradías y hermandades que en diez jornadas sacan a la calle más de una treintena de procesiones.

La estampa que ofrecía la Semana Mayor leonesa hasta 1945 era realmente pobre en muchos sentidos, especialmente respecto al número de cortejos penitenciales. Únicamente seis procesiones ofrecían su catequesis itinerante por las calles y plazas de la capital del Viejo Reino: Dolorosa, Palmas, Dainos, Silencio, Pasos y Entierro. De esta relación procesional, únicamente dos estaban organizadas por cofradías, la de los Pasos por el Dulce Nombre de Jesús Nazareno y la del Santo Entierro, cuya organización como es conocido se alterna entre la Cofradía de Angustias y Soledad los años pares y la Cofradía de Minerva y Vera Cruz los impares.

La naturaleza gremial de la que se revistió la hermandad, al amparo de la hostelería y que determinó que el patronazgo de la nueva corporación se concediera a Santa Marta de Betania, supuso una gran ayuda para configurar el primer listado de hermanos y hermanas, el patrimonio humano que insufla vida a una cofradía

Consecuentemente el paso iniciado por la Hermandad de Santa Marta abrió un camino verdaderamente importante que hoy, setenta y cinco años después, quizás aún no es reconocido e incluso es posible que en el seno de la propia Hermandad tampoco goce de la consideración suficiente de cuanto significó su fundación en la Semana Santa de la ciudad de León.

El triunfo de esta fundación no ha de reducirse al punto de inflexión expuesto, el verdadero logro ha de verse en el alcanzado por un pequeño grupo de leoneses encabezados por el entusiasmo de don Máximo Gómez Barthe. Este leonés, fundador y primer presidente de la Hermandad, supo encauzar las ideas y sueños que lograrían materializar la Procesión de la Sagrada Cena en la noche de Jueves Santo de 1950. Indudablemente la labor de la primera junta de gobierno es encomiable, especialmente dada la época de dificultades y austeridad en la que nace la Hermandad. Entre las mayores preocupaciones de estos cofrades se encontró la búsqueda de recursos que permitieran disponer en la calle una procesión digna.

Por este motivo, en la memoria de la Hermandad de Santa Marta permanecen grabados con letras de oro los nombres de los primeros hermanos que rigieron su creación, pues con su trabajo y constancia rápidamente consolidaron este proyecto. Justo es su recuerdo. Consiliario: don Teodoro Sánchez Anibarro; Presidente: don Máximo Gómez Barthe; Vicepresidente: don Emiliano Ramos García; Secretario: don Eliseo Gómez Omar; Vicesecretario: don Manuel Rodríguez Riesco; Tesorero: don Pablo Prieto Alonso; Vicetesorero: don Francisco Roldán Rodríguez; Vocales: don Alfredo Robles Boñar, don Gonzalo Menendo Álvarez y don Evaristo Rodríguez Reguera.

La naturaleza gremial de la que se revistió la hermandad, al amparo de la hostelería y que determinó que el patronazgo de la nueva corporación se concediera a Santa Marta de Betania, supuso una gran ayuda para configurar el primer listado de hermanos y hermanas, el patrimonio humano que insufla vida a una cofradía. Es de resaltar que esta hermandad admitió desde el primer momento la entrada de la mujer, a pesar de la imposibilidad de procesionar con túnica de acuerdo a las normas del entonces vigente Derecho Canónico. Ha de subrayarse la labor que hizo la primera junta de gobierno rodeándose de diversas personalidades de la sociedad leonesa en todos sus ámbitos, contactos y relaciones que brindaron una ayuda inestimable. Puede citarse el gran apoyo facilitado por el citado prelado diocesano, el Cabildo Catedral, especialmente a través de su magistral, don Clodoaldo Velasco Gómez, y del penitenciario, don Filemón de la Cuesta González. En el campo de las artes hay que destacar la extraordinaria colaboración de don Víctor de los Ríos Campos, don Santiago Eguiagaray Senarega y don Saturnino Escudero González. En el ámbito civil, cabe resaltar la ayuda de don Ramón Cañas del Río, presidente de la Diputación de León.

En esta historia de 75 años habría que citar a muchas personas, acontecimientos o logros, pero en el umbral de esta conmemoración es preciso reconocer y recordar a las personas que iniciaron este proyecto, la Hermandad de Santa Marta.

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