EN EL FILO
Una trampa para Zapatero
I el mayor enemigo habría podido tender a Zapatero una trampa tan peligrosa como ésta de la huelga general. De ahí sus escandalosas dudas, de ahí sus contradicciones: un día se pone al frente de la manifestación, y otro se retira. El PSOE necesita ganar votos por el centro ya que el filón de la izquierda se agota a ojos vistas. Cae IU sin que eso suponga trasvase alguno para el PSOE, sencillamente los votos de izquierda se esfuman: no se reproducen. El sueño que tuvo Joaquín Almunia de vaciar IU mediante la «unidad de la izquierda» se reveló un fracaso total. Perdió el PSOE y perdió IU, y Almunia tuvo que dimitir. El caso de Jospin ha venido a demostrar lo mismo. La sociedad francesa ha dado la espalda a un partido socialista que optó desde el primer momento por la radicalización de sus posiciones: la integración de los comunistas en el gobierno y soluciones como las treinta y cinco horas semanales. Conocemos los resultados de esa política, fragmentación del voto de izquierda, caída espectacular del PCF y hundimiento del partido socialista. Lionel Jospin, avergonzado e irresponsable, desapareció bajo tierra dejando huérfano a su partido y facilitando la mayoría absoluta de la Unión para la Mayoría Presidencial. La iniciativa de la huelga general es, como digo, la mayor trampa a Zapatero que pudiera concebirse: le lleva justamente a las opciones y a las amistades menos recomendables. Le aleja del centro, de la moderación; le confunde con Llamazares, le reduce al plano bronco del sindicalismo, le contrapone a lo que se supone que debe ser un líder europeo, le mete en el saco de la antiglobalización, del testimonialismo, de la marginalidad, de la irresponsabilidad. La imagen de Zapatero quedará para siempre marcada por esta experiencia desestabilizadora y agria, quedará unida a la de Méndez y Figaldo. Quien sabe si algo más desagradable. Desde luego no es la imagen del orden y de la eficacia que muchos habrían querido ver en Rodríguez Zapatero. Día a día es el anti Blair. El oportunismo de una buena parte de los medios y de los analistas está llevando a la dirección socialista a la convicción de que la huelga puede ser un gran éxito. No es consciente de que el triunfo de la confrontación no tendría como víctima al PP ya que éste habría cumplido, en todo caso, con su cometido como partido conservador reformista. Quien lo pagaría sería el partido que ha ido renunciando a su condición socialdemócrata para asumir objetivos absolutamente superados. En definitiva, Zapatero se empeña en llevar a la práctica lo que se demostró como más inteligente de la estrategia felipista. Fue la corrupción la que hizo reventar al PSOE, no precisamente la moderación ideológica y política de González.