el balcÓn DEL pueblo
Síndrome de Norton
EL presidente del Gobierno, José María Aznar, será sometido mañana por la tarde a una operación quirúrgica en un pié. Será del pié izquierdo, el más débil de su cuerpo. El derecho lo tiene a prueba de cronómetro: es el que le faculta y le da alas para hacer marcas de velocista olímpico. La intervención busca eliminar una dolencia que arrastra desde hace tiempo. Se la conoce como síndrome de Norton. Sospecho que la dolencia la sufre el presidente mucho antes de la boda de su hija Ana, con la que abrió el vals y no demostró especiales habilidades. No es un reproche: yo tampoco sé dar un paso de baile. Y si lo supiera, habría pisoteado los callos de mi pareja, con una sonrisa de oreja a oreja. El presidente ha sufrido el percance casi el mismo día que Laudino García, corregidor de Igüeña, cojeaba un esguince. El páncer de Tremor, gordo y con tirantes, no corre como el guepardo Aznar, con figura de gimnasio, pero vuela no a ras de suelo, sino alto. Estaba en la comitiva de alcaldes que se cobijan bajo el paraguas de Armi, para asistir a unas jornadas pseudomineras con sus colegas portugueses. Yo diría que para cuatro días de fados, nostalgias y relajación. Porque, vamos a ver: Por Portugal asistieron tres corregidores -allí los alcaldes son presidentes de cámaras municipales- y la comitiva leonesa bajó del autobús una treintena de alcaldes mineros. O sea, ni exposición, defensa, ni conclusiones. Además, ¿qué aportaciones, exceptuada la dosis de cortesía exquisita, podían dar los portugueses, sin minería desde hace más de un cuarto de siglo?. Armi se limitó a programar un excelente y largo fin de semana. El presidente José María Aznar y Laudino García, que son antítesis política, física e ideológica, han tenido una lesión. A José María Aznar le intervienen mañana por la tarde, con anestesia local. El mal tiene nombre yanki: síndrome de Norton. En una patología semejante debía escudarse George W. Bush para someter sus iras a la decisión del Consejo de Seguridad de la ONU y no enviar sus bombarderos de muerte sobre las arenas de Irak. El síndrome de Norton debe encontrar remanso y acomodo en los dedos. Lo de Laudino García subió hasta el tobillo. Aznar es un flaco de gimnasio, en tanto que Laudino es un ilustre gordo, capaz de oxigenar con vientos de libertad y belleza al Campo de Martín Moro, donde han respirado Vázquez Montalbán o Julio Iglesias, con Feliciano Fidalgo de Chamberlaine. Pero si a Aznar o a Laudino les da por subir la escala fisiológica, ninguno de los dos saldrá de la sinagoga. ¿Tendrían la osadía de llegar a la rodilla de Ronaldo?. De momento, el presidente Aznar no ha ordenado que le tachen de la agenda ningún acto de sus ogligaciones de mañana. Se subirá al Monte do Gozo, desde donde se respira el perfume de Galicia, e invocando a Santiago, pedirá lo que quizá no le garantice Fraga. Y en Galicia, Fraga no es el presidente de la Xunta de Galicia: es el gran rey absolutista S.M. don Manuel I. Aunque anda torpe, no tiene el aíndrome de Norton.