EN EL FILO
¿De quién es la bandera?
UE en el comienzo de la Transición cuando el inteligentísimo Santiago Carrillo colocó la bandera en la sede del PCE dejando descolocados a muchos de los suyos, pero mucho más a la derecha. Con aquel gesto, Carrillo inició el camino de la aceptación, por parte de los demócratas y de la izquierda, de la bandera, una bandera secuestrada por el franquismo durante cuarenta años, una bandera en la que en su nombre se habían cometido atrocidades, una bandera utilizada por unos contra los otros. Desde aquel gesto histórico de Carrillo, la bandera había dejado de ser un problema, pero mire usted por donde al mismísimo José María Aznar se le ha ocurrido organizar homenajes a la bandera, y según dicen los prohombres del PP, se trata de dar una respuesta a Ibarretxe. La derecha siempre tiende a envolverse en las banderas, a considerarla suya y sólo suya, de la misma manera que conciben que los países que gobiernan son suyos, y cuando no los gobiernan creen que se debe a un lamentable error. La derecha españolista se envuelve en la bandera, y la derecha nacionalista vasca se envuelve en la ikurriña. Al fin y al cabo el PP y el PNV son dos partidos de derechas e igual de nacionalistas, sólo que unos han caído de un lado y otros de otro, pero tanto da, porque a la hora de la verdad esgrimen los símbolos que deberían de ser de todos, como si fueran suyos y lo hacen contra otros. Esta muy bien eso de sentirse de alguna parte, pero convertirlo en leiv motive de una vida, en una obsesión ciega, es lo que lleva al enfrentamiento, al considerar a los otros diferentes. Los nacionalistas vascos han venido utilizando la ikurriña como si fuera suya y nada más que suya hasta convertirla en enseña del nacionalismo, en vez de ser una enseña de todos los vascos y por supuesto de todos los españoles, como lo deberían de ser todas las banderas de las comunidades autónomas. Y ahora los populares han resucitado ese nacionalismo rancio que tanto enfrentamiento ha causado en este país y se han envuelto en la bandera ellos sólitos para responder al plan de Ibarretxe que, dicho sea de paso, es la peor manera de responderle. El Gobierno de José María Aznar no sólo está fracasando estrepitosamente en la política autonómica y contribuyendo al descencuentro de los nacionalistas con el Estado, creando un problema que ciertamente hace unos años no existía, está también a punto de crear un nuevo problema si persiste en su actitud de apropiarse de la bandera como arma para fastidiar a los nacionalistas. Si tanto les importa la bandera, la mejor señal de respeto es que la dejen en paz para que pueda continuar siendo de todos, y no se convierta de nuevo en la enseña de unos contra otros.